Edition 2026: Crítica Archives - El Cid Journal /elcid/category/critica-2026/ Thu, 20 Aug 2026 16:41:48 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.2 Hermanito de Cervantes: Galdós y su Tranvía /elcid/2026/08/hermanito-de-cervantes-galdos-y-su-tranvia/ Mon, 17 Aug 2026 18:20:00 +0000 /elcid/?p=413 Savannah WaneboBaylor University Al leer algunas obras de Miguel de Cervantes y Pérez Galdós, se hace evidente que Galdós encontró mucha inspiración para sus propias obras, pero los varios estudios literarios que conectan estos autores no usan ni reconocen ejemplos de conexiones en “La novela en el tranvía.”1 Sin el análisis de este texto, no […]

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Savannah Wanebo
Baylor University

Al leer algunas obras de Miguel de Cervantes y Pérez Galdós, se hace evidente que Galdós encontró mucha inspiración para sus propias obras, pero los varios estudios literarios que conectan estos autores no usan ni reconocen ejemplos de conexiones en “La novela en el tranvía.”1 Sin el análisis de este texto, no hay una visión completa de la verdadera influencia que Cervantes tuvo en la obra de Galdós, ni tampoco de una fascinante obra literaria que habla de la modernidad del siglo XX. Entonces, en este ensayo, demostraré que “La novela en el tranvía” incorpora elementos cervantinos como el loco, la permeabilidad entre realidad y ficción, y metaficción.

Germán Gullón, en su artículo sobre la presencia de aspectos cervantinos en las obras de Galdós, declara que hay tres características claves que definen la literatura de Cervantes: “la capacidad de la imaginación para superar las adversidades”, “sutileza formal… que vien[e] a indicar que la realidad puede ser cortada de diferentes maneras” y “la novedad en la manera de contar la obra” (Gullón 33). Si bien estos son fieles al repertorio general de las obras de Cervantes, es necesario redefinir estos pilares en términos de El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha (usaremos un título abreviado, Don Quijote).

Tras analizar la totalidad de este prolífico y legendario texto, se puede afirmar que hay tres factores definitorios que caracterizan a Don Quijote: el uso del “loco,” la permeabilidad entre realidad y ficción, y la metaficción. Estos tres pilares crean el Partenón cervantino al que peregrinan los lectores de la literatura española. Además, los encontraremos en “La novela” de Galdós, escrita más de 200 años después. De este modo, a través de los temas superpuestos de “el loco”, la permeabilidad de la realidad, y la metaficción, “La novela en el tranvía” funciona como una reacción quijotesca contra la modernización en la España del siglo XIX.

Para este estudio, interpretamos la modernización como un movimiento social que se aparte de la tradición y, por eso, cambia la realidad. Esta definición es muy importante porque ambas obras funcionan como reacciones alegóricas contra la modernización de su propio tiempo. La idea de usar la perspectiva de la modernidad para comparar Don Quijote y “La novela” surgió de la interacción iónica de Don Quijote con los molinos de viento. Este y más episodios como los mazos de batán, la cabeza encantada, o Clavileño el Alígero, sirven para representar la constante modernización y difusión de la tecnología en el siglo XVII, además de mostrar la actitud del autor hacia el la modernización. Cada uno de los tres pilares quijotescos mencionados arriba tiene una interacción diferente con la modernización, como se destacará en este ensayo.

El primer pilar está basado en un arquetipo muy famoso de la literatura española: “el loco,” alguien que no está en contacto con la realidad o que hace cosas fuera de lo normal. Caminals-Heath, en su ensayo enfocado en algunos “locos” de la literatura española, declara que “everyone knows that the most famous character in Spanish literature is a madman” (Caminals-Heath 53), atribuyendo a Cervantes el prototipo de este arquetipo por el personaje de Don Quijote. Este es el hidalgo del siglo XVII y protagonista de Don Quijote que leyó tantos libros caballerescos que “se le secó el cerebro” y, por eso, creyó que él mismo era un caballero andante (Cervantes I.I). Entonces, se pone claro que Don Quijote no está en su sano juicio, ya que su cerebro se secó. Además, por esa creencia, se embarca en muchas aventuras con su escudero casi igualmente ilusorio, Sancho Panza, para restaurar gloria y fama al gran puesto del caballero andante.

Así, desde el principio, Cervantes les muestra implícitamente y les dice explícitamente a los lectores que Don Quijote está loco. De hecho, ese ni siquiera es su verdadero nombre—Alonso Quijano es el hidalgo que se transforma en “Don Quijote.” Toda la gente que lo conoce en la novela sabe o se da cuenta rápidamente de que Don Quijote está loco, y muchas veces lo dicen en voz alta. No solo el narrador se refiere a Don Quijote como loco, sino también el ama que habla de “su locura” (Cervantes I.V), el cura que declara que “parec[e] sin juicio” (Cervantes I.VI), Sansón Carrasco que observa que “está tan loco, tan falto de juicio” (Cervantes II.III), y Sancho muchas veces por toda la novela. No importa cuán cercanas sean las personas a él en sus relaciones, como amigos íntimos o completamente desconocidos, porque su insensatez es tan evidente por sus acciones.

Mientras que es importante reconocer la locura demostrada y observada de Don Quijote, la característica definitoria de “el loco” es algo interior: la obsesión. A primera vista, la fijación de Don Quijote es la restauración de la práctica de la caballería andante. Sin embargo, esto se basa, en última instancia, en su deseo de hacer que el mundo sea un lugar mejor—“acometer el mundo, deshaciendo todos los agravios y enderezando tuertos, y enmendando sinrazones y mejorando abusos y satisfaciendo deudas” (Cervantes I.II). Él está tan obsesionado con los valores caballerescos que se convence a sí mismo que son reales y que el mundo todavía cree en estos libros—algo que no es verdad.

Si Don Quijote es el arquetipo del loco español, el narrador de “La novela en el tranvía” es su hermano menor del siglo XX. En este cuento, hay un hombre que encuentra y lee un folletín en un tranvía sobre una condesa rodeada de hombres malos. Su mayordomo, Mudarra, que está enamorado de ella, la chantajea por un secreto que él sabe: que ella tiene una relación ilícita con otro hombre. Pero el narrador no sabe lo que pasa en la historia después de la parte escrita en el papelito al principio de la novela porque la página está rasgada. Vemos su locura rápidamente porque, a medida que este hombre se involucra más en la historia, comienza a ver su vida dentro de y a través de la ficción, poniéndose a sí mismo en el papel de detective.

Por eso, este narrador sin nombre tiene las mismas dos características de Don Quijote que ya comentamos: locura demostrada mezclada con manía interior inspirada por la literatura. A lo largo de la novela, otros personajes se refieren a la insania del narrador galdosiano varias veces y en dos idiomas (español e inglés): se usa “loco” tres veces y “lunatic” tres veces. Aunque no está vestido de caballero andante, el narrador mira fijamente a otros viajeros, escucha a escondidas otras conversaciones, y se murmura a sí mismo en voz baja. Estos son claros indicios de su trastorno, combinado con la obsesión.

Aunque la trama de esta obra tiene lugar casi 200 años después de la de Don Quijote, las fijaciones son perfectamente paralelas. En vez de convertirse en caballero andante después de leer un libro caballeresco, el narrador galdosiano se convierte en detective después de leer una relato melodramático. Entonces, la manía empieza con la literatura, y está afirmada por coincidencias con la realidad, las cuales exploraremos a continuación. Se hace tan aparente su locura que el narrador la reconoce por su confesión de que a “tal extremo había llegado mi obcecación” que se olvidó de la realidad (Pérez Galdós 199). Por la combinación de tomar literalmente lo que encuentra en un texto literario y obsesionarse con ello, demuestra la base quijotesca que usa Galdós para su narrador.

Lo clave en Don Quijote y “La novela” es que ambos personajes locos se encuentran a sí mismos en conflicto entre lo que leen y lo que es real. En estos textos, la literatura es representativa de lo antiguo, mientras tanto los cambios sociales representan lo moderno. Entonces no es una casualidad que ambas obras se publicaron en contextos de modernización por innovaciones tecnológicas—los molinos en Don Quijote y el tranvía en “La novela.”

Claro, los molinos no eran nuevos en la España del siglo XVII, pero tras siglos de desarrollo, se hicieron más comunes durante esta época (Reed 65-80);2 quizás esta es la razón por la cual Don Quijote tiene interacciones tan confusas con ellos. Por otra parte, el tranvía a caballo en España se creó el mismo año que se publicó “La novela en el tranvía” (Delgado 2). Además, había nuevas maneras en que estos protagonistas podían interactuar con la literatura por la tecnología: la imprenta (en el siglo XVII) y el folletín (en el XIX).

Como los molinos, la imprenta no era nueva en el siglo de Cervantes, pero era nueva para Don Quijote, quien se encuentra con una en la segunda parte de la novela. En el siglo XIX, el folletín era una nueva manera de contar cuentos por publicarlos en capítulos dentro del periódico (Martí-López 65-80). Ahora, ambos personajes no sólo pueden leer historias fantásticas, sino releerlas una y otra vez, encontrándose así absorbidos en una realidad literaria imaginativa y distrayéndose de las personas en frente de sus caras. Entonces, Don Quijote y el narrador galdosiano tienen interacciones incómodas en torno a la tecnología: Don Quijote, literalmente, es volcado por los molinos, el narrador galdosiano pierde toda etiqueta social en el tranvía, y ambos son hechizados al tener la literatura popular en sus manos.

Estos ejemplos negativos no sólo confirman su locura, sino que muestran cómo la tecnología está confundiendo los hábitos previos y la realidad a la que cada personaje está acostumbrado. Ambos personajes tienen que adaptarse al mundo modernizador en el que viven, representado por el cambio del uso de los libros para interpretar la realidad al uso de la tecnología. Entonces, se puede afirmar que Don Quijote y el narrador reflejan una reacción adversa a la modernización, porque las innovaciones modernas los llevan a la insensatez.

Estas reacciones adversas son apoyadas por el segundo pilar cervantino: la permeabilidad entre realidad y ficción. Uso la palabra “permeabilidad” para expresar la interferencia entre realidades literarias y la vida real. La permeabilidad de la realidad es una estrategia literaria en que el autor crea situaciones ambiguas que a menudo desafían las normas y expectativas sociales. Esta estrategia está por todo el canon de Cervantes. En el travestismo en una obra como “Las Dos Doncellas,” Cervantes emplea el travestismo para confundir las realidades de los amantes, funcionando para burlar de roles societales. Un otro ejemplo es la teatralidad en “La Cueva de Salamanca,” en que la distorsión de realidad sirve para mostrar que la mentalidad de rebaño es algo desorientado y ridículo. De hecho, Cervantes emplea la confusión de la realidad para explorar los efectos de modernización. Además, Don Quijote y, por inspiración de Cervantes, “La novela” contienen varios ejemplos de esta permeabilidad, específicamente en el área de la identidad.

Ninguna de estas obras tendría una trama si no fuera por la permeabilidad de la identidad del personaje principal. En realidad, ambas historias comienzan como resultado de un importante cambio de rol en el protagonista. Cuando Alonso Quijano decide nombrarse caballero con nombre Don Quijote, como leía en sus libros de caballerías, y también asume lo que él entiende que son los roles y responsabilidades de la caballería andante. De la misma manera, el narrador galdosiano sin nombre, al leer sobre la angustia de la condesa en el folletín, pasa de ser un lector pasivo a ser el detective de la historia. Así, el segundo pilar cervantino se basa en el primero: el loco se crea a partir de un cambio de identidad personal.

Sin embargo, es importante reconocer que hay momentos de lucidez dentro de estos cambios de identidad en los que el protagonista es devuelto bruscamente a la realidad de su condición original. Por ejemplo, en la primera parte de Don Quijote justo después de la salida de Don Quijote en su primera aventura, Cervantes cuenta que había “un labrador vecino” de Don Quijote, que se dirige a él con referencia a su rol original: “Señor Quijano—que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a vuestra merced desta suerte?” (Cervantes I.V). La apelación a su antiguo yo altera su identidad fantástica y lo saca brevemente de su fantasía y lo lleva de nuevo al mundo real.

Mientras tanto, no hay un momento explícito en que alguien reconozca al narrador e irrumpa en su nueva identidad de “La novela.” En su lugar, todas las personas que se refieren a él como un loco implican que no está comportándose como de costumbre y le causan dudas en su proceso de pensar, específicamente sobre su posición como detective y, por eso, su habilidad de ayudar a la condesa. Aunque los viajeros del tranvía declaran que él está loco, el narrador está tan enredado con la historia que rechazó las declaraciones: “Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería serenar mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan embrollada cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones” (Pérez Galdós 198), porque ahora no estaba seguro de lo que ha pasado, ni si podría resolverlo. Entonces, ambos personajes se mueven entre sus nuevos y psados roles a través de recordatorios explícitos de quiénes eran antes, al tiempo que generan dudas y desilusión dentro de su identidad nueva.

Lo más importante de la permeabilidad cervantina de la realidad es que es verosímil: que algo no sea verdad no significa necesariamente que no pueda serlo. Esto se resume en un artículo crítico sobre los orígenes del realismo dinámico en la obra cervantina de Galdós: en la permeabilidad de realidad “se mezclan elementos de construcción típicamente realistas y no realistas, pero debidamente verosimilizados” (Escalera 121). Entonces, para creer una realidad imaginada, Galdós necesita incluir aspectos verosímiles, o cosas que podrían ser fieles a o imitaciones de la vida real.

Se encuentra un ejemplo perfecto de esto en la tercera parte de “La novela.” En su manía detectivesca, el narrador ve a un hombre en el tranvía que coincide con la descripción de Mudarra y sostiene una carta igual que la del cuento. Por eso, el narrador declara que “era él Mudarra, el mayordomo en persona… reconoció las facciones cuya descripción había leído” (Pérez Galdós 182). Aunque se trata de una mera coincidencia, el hecho de que un ser humano real se alinee perfectamente con el personaje de la historia crea una asociación interpretativa para el narrador, donde el libro se vuelve real, incluso más real de lo que ya creía.

El episodio quijotesco que probablemente sirvió como esquema para esta interacción es cuando Don Quijote encuentra a un hombre en el bosque, Cardenio, que tiene una historia que tiene muchas semejanzas con lo que él ha leído en sus libros de caballería—temas de amor, traición, locura. Porque la vida real de Cardenio se parece tanto a las historias leídas, Don Quijote cree que “el cielo ha ordenado que yo comience a hacer penitencia en este lugar apartado” (Cervantes I.XXIII-XXV). Por la coincidencia de conocer una historia real de una injusticia que solamente podría ser arreglado por un caballero andante, Don Quijote cree que la historia de Cardenio confirma la necesidad de tener caballeros andantes en su mundo real.

Al analizar estos ejemplos, vemos que la función del segundo pilar cervantino es doble: afirmar al loco en su manía y afrontarlo con una nueva realidad moderna. Después de las interacciones destacadas, ambos protagonistas se vuelven más decididos en sus caminos a medida que verosimilitudes en la realidad refuerzan su locura.

Además, estos ejemplos demuestran cómo los personajes están anclados en las Wanebo 9 costumbres de los libros. En lugar de afrontar la realidad, dando un paso atrás y reconocer que el amor no correspondido no solo ocurre en los libros de caballerías y que los personajes humanos de los libros parecen humanos, estos hombres ven lo que quieren ver. Sus obsesiones desquiciadas los llevan a crear aventuras imaginarias cuando, en realidad, Cardenio es sólo un loco enamorado y el hombre que se parece a Mudarra probablemente tiene una carta de una amada. La confusión que resulta de estas interacciones, en última instancia, refleja cómo estos hombres se aferran a la esperanza de ser caballeros y héroes en lugar de modernizarse con el resto de la sociedad. Dentro del segundo pilar, se aferran a la ficción para evitar los efectos fríos y aleccionadores de la modernidad de la vida real.

Esto nos trae al pilar final, la metaficción. La metaficción se define como “ficción dentro de la ficción” (Escalera 124). Es la manera en que los autores entrelazan temas y tramas a lo largo de un cuento. Tanto Don Quijote como “La novela en el tranvía” emplean esta estrategía literaria para señalar las relaciones entre los personajes como individuos y su contexto social.

Don Quijote es una novela llena de metaficción—es una de las características que lo impulsó a la fama literaria eterna. Cada capítulo trae personajes con sus propias vidas y, por eso, aventuras que añaden a la trama y funcionan como cuentitos en la vida de nuestro caballero andante. Algunos ejemplos de esta estrategia incluyen el cura y el barbero leyendo y analizando libros de caballería, el curioso impertinente, y, quizás lo más ingenioso, Sancho leyendo el manuscrito publicado de sus propias aventuras.

La metaficción más extendida es el cuadrángulo de amor en la primera parte de Don Quijote. Recuerde el Cardenio ya mencionado, el loco de las montañas con su vida que parece como un libro caballeresco. Lo que no sabíamos cuando lo conocimos es que la subtrama Wanebo 10 provocada por el deseo de Don Quijote de ayudar a Cardenio permanece con nosotros desde el capítulo 23 al 38. De hecho, el propio narrador introduce este episodio como si fuera una narración independiente dentro de la novela cuando se refiere a su vida como una “triste historia,” y continúa narrando a su propia vida como si fuera una leyenda (Cervantes I.XXIV). Por el curso de la trama de reunir a Cardenio con su amante, conocemos a Dorotea, Luscinda, y Fernando. La historia de este cuadrángulo de amor es una cuentito dentro de la trama más grande de la novela, y funciona para mantener a Don Quijote en contacto con la realidad por mantener interacciones con otras personas.

Como se estableció anteriormente, esta es exactamente la trama de “La novela.” La vida del narrador se entrelaza con las vidas ficticias que encuentra en el folletín. El narrador cree que ha visto a Mudarra “en persona, sentado frente de mí” (Pérez Galdós 182); el amante de la Condesa “D. Rafael en persona” (191); y más el perro “que había visto recostado a los pies de la Condesa”, aunque son personajes del folletín (193). Esta metaficción se funde con la realidad al interactuar con varios pasajeros del tranvía para descubrir qué le sucedió a la condesa. Galdós incluye a muchos desconocidos que comparten, aunque fuera de contexto, historias que se alinean con la trama del folletín—una metaficción que enfatiza una realidad permeable. De hecho, historias verosímiles inspiran al narrador a proyectar la ficción sobre la realidad de forma similar a Don Quijote.

Lo interesante del empleo de esta definición operativa de la metaficción por parte de Cervantes y, por inspiración, Galdós es que los personajes se quedan para sus propios episodios y después se van. Esta idea se expresa explícitamente en “La novela” cuando el narrador está sentado en el tranvía camino a su destino:

Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y que Wanebo 11 probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan, quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es esto de la vida humana, en que el nacer y el morir son como las entradas y salidas a que me refiero (Pérez Galdós 177).

Esta cita muestra al narrador percibiendo que el tiempo parece pasar diferente dentro del tren. Él reconoce cómo el tren entrelaza las vidas de muchas personas, aunque sea por un instante. Además podría decirse que el narrador se da cuenta de que esta nueva tecnología parece acelerar y a la vez acortar las interacciones humanas: en lugar de caminar a lugares en compañía, uno viaja en tranvía, mira por la ventana, y llega a su propio destino. Es una creación orientada a resultados que enfatiza al individuo; de hecho, el desarrollo tecnológico y el individualismo son marcadores de la modernización en España. Quizás esto es por qué tanto Don Quijote como el narrador recurren a la literatura en busca de consuelo: en los libros hay comunidad, magia, justicia y tiempo.

Es dentro de estos anhelos idealistas de los protagonistas donde vemos la disonancia cognitiva que se produce cuando la realidad se enfrenta a la imaginación por la metaficción: cuando los gigantes son sólo molinos en Don Quijote, cuando la víctima del tiroteo no fue la condesa sino el perro de otro viajero en La Novela. Las historias metaficcionales, por lo tanto, buscan generar desengaño. Los autores entrelezan personajes reales para devolver a los protagonistas a la realidad; de hecho, con cada interacción real, la realidad imaginada de los protagonistas se vuelve más inestable y su disonancia cognitiva aumenta. Comienzan a ver que usar libros para interpretar una realidad en constante cambio y modernización no funciona, ya que siguen demostrando que están equivocados en sus creencias fantásticas. Entonces, se hace evidente que las interacciones interpoladas dentro de contextos modernizadores en cada obra crean desilusión y, por la renunciación de la fantasía al final de cada texto, llevan a Don Quijote y al narrador galdosiano a la realidad.

Por los tres pilares que hemos analizado, se pone muy claro que “La novela en el tranvía” toma inspiración de las obras de Cervantes, específicamente El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. Don Quijote provee un armazón para una obra que tiene lugar en una sociedad cambiante. Entonces, “La novela” es un comentario sobre la modernización en el siglo XIX. Vemos cómo los cambios modernos enfatizan el individualismo a través de desarrollos tecnológicos que afectan de manera negativa a la gente—dos características centrales que ya hemos destacado de la modernidad española—por la imprenta y en el tranvía en sí mismo. Con la imprenta, se podría diseminar la literatura como el folletín por una manera más rápida y extendida. Ahora se podía compartir la literatura casi tan rápido que se consumía la gente, creando un nuevo tipo de sobrecarga de información y adicción al acceso de información rápida, lo que podemos ver en el anhelo obsesivo del narrador de saber más de la Condesa. El individualismo entra aquí por un enfoque en la información en vez de enfocarse en la gente, las relaciones, y la vida real que rodea.

Además de esto, el tranvía también crea un nuevo individualismo por acceso. Ahora, la gente puede ir a lugares nuevos con caras constantemente cambiando por viajeros entrando y bajando, como destacado en el monólogo interno de parte II de “La Novela.” El narrador observa los “breve[s] conocimiento[s]” entre pasajeros por las entradas y salidas del tranvía y que “sigue corriendo el vehículo, remedo de la vida humana… siempre corriendo, corriendo sobre las dos interminables paralelas de hierro” (Pérez Galdós 177). Vemos la rapidez de la vida cotidiana facilitada por el tranvía, además los paralelos con la vida y el tiempo en general. La tecnología mostrada en este cuento enseña que, si siempre hay algo cambiando y acceso a lo nuevo, no hay vida del momento: no hay relaciones entre viajeros, solo son caras y cuerpos, porque el individualismo moderno crea aislamiento. Hay una crítica concreta por parte de “La novela” sobre los efectos negativos de la modernización de su época.

De hecho, los pilares exponen de forma más extensa el impacto de las interacciones con la modernidad. El tropo de “el loco” es interno, la permeabilidad de la realidad es individual y, finalmente, la metaficción se desarrolla a nivel multipersonal o social. Digo esto queriendo decir que la locura de Don Quijote y el narrador galdosiano muestran la batalla interna para reconciliarse con la modernización, la permeabilidad de la realidad sirve para mostrar cómo el individuo se desplaza entre las realidades de la modernidad y la antigüedad, y la metaficción muestra las interacciones que dan sentido a un mundo que se moderniza.

Entonces, cada nivel expresa un choque con la modernidad por parte de la tradición literaria para mostrar la vacilación de Cervantes y Galdós ante la modernización porque hace que los seres humanos se olviden de su propia humanidad. Los personajes, sobre todo Don Quijote, de Don Quijote caminan por un mundo en rápida modernización—de molinos de viento, máquinas y libros impresos—buscando una conexión humana genuina de maneras torpes y a menudo equivocadas. Don Quijote no sabe cómo conciliar la modernización que se extiende a las zonas más pequeñas y rurales de España con sus ansias de justicia y honor, lo que lo lleva a una locura idealista, el primer pilar, en un intento por restaurar estos valores de esta realidad disonante, el segundo pilar. Sus aventuras caballerescas son, en última instancia, un intento de dar sentido a su mundo en transformación y conectar con los demás, el tercer pilar.

De una manera casi igual, el narrador sin nombre de “La novela en el tranvía” choca con la modernización. Al principio de la historia, encontramos los pensamientos del narrador con Wanebo 14 temas existenciales relacionados con el aislamiento, tecnología, y la muerte. ¿Su consuelo? Simular estar en una novela policiaca para evitar las aburridas e inevitables realidades de la vida, para luego intentar sustituir esas realidades por la del folletín (los primeros dos pilares). Sus intentos por resolver la historia de la condesa expresan su anhelo de formar parte de la humanidad de una manera que trascienda, una que defienda valores como la justicia y la verdad. Este deseo le permite, como a Don Quijote, interactuar de forma incómoda con otros humanos para comprender una realidad que opera desde el individualismo y la tecnología (el tercer pilar). Así, ambas obras muestran personajes que lidian con la disonancia cognitiva que surge de cambios en la realidad.

Claro, no se oponen completamente a la modernidad, ya que ambos personajes renuncian a sus fantasías en sus respectivas tramas para aceptar su realidad moderna, pero los efectos negativos que cada obra muestra sirven como una advertencia para el lector. Por lo tanto, “La novela en el tranvía” es una reacción quijotesca que advierte contra la modernización demasiado rápida, para que no olvidemos la humanidad ni las conexiones humanas. Cada pilar funciona, no sólo para tender un puente entre las obras de Cervantes y Galdós, sino también para impartir una lección sobre la humanidad en un mundo en constante cambio. Quizás, si podemos aferrarnos a las virtudes de los caballeros y detectives, a la fantasía de los gigantes y las condesas, a mundos donde prevalece la justicia, podremos recordar nuestra humanidad en un mundo en constante modernización.

1 Consúltense Gullón, Warshaw

2 Una idea además confirmada por el libro de Reed, Cervantes, Technology, and the Novel: An Aesthetic of Instrumentality in Don Quijote, que sería publicado después de su conferencia.


Obras citadas

Caminals-Heath, Roser. “The Madman in Spanish Literature: Cervantes and Pérez Galdós”. Mid-Hudson Language Studies, vol. 8, 1985, pp. 53–62.

Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha. 1605, 1615. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999, www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-ingenioso-hidalgo-don-quijote-de-la-mancha-6/h tml/.

Delgado, Miguel A. “50 Aniversario Del Primer Tranvía de Madrid”. Consorcio Regional de Transportes de Madrid, mayo de 2021. https://www.crtm.es/media/bmgiofkm/150_aniversario_1er_tranvia_madrid.pdf

Escalera Cordero, Matías. “‘La novela en el tranvía’: Los orígenes del realismo dinámico, crítico y cervantino de Galdós.” Verba Hispanica, vol. 28, núm. 1, 22 dic. 2020, pp. 117–131, https://doi.org/10.4312/vh.28.1.117-131.

Gullón, Germán. “La presencia de Cervantes en Galdós”. Siglo Diecinueve: Literatura Hispánica., núm. 10–11, 2005, pp. 33–41, https://doi.org/10.37677/sigloxix.vi10-11.237.

Martí-López, Elisa. “The Folletín: Spain Looks to Europe”. The Cambridge Companion to the Spanish Novel: From 1600 to the Present. Ed. Harriet Turner y Adelaida López de Martínez. Cambridge UP, 2003. 65–80. https://www.cambridge.org/core/books/abs/cambridge-companion-to-the-spanish-novel/f olletin-spain-looks-to-europe/9B9480D5F7FF5A815B8309EED65B842D

Pérez Galdós, Benito. “La novela en el tranvía”. 13 cuentos, editado por Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, Editorial EDAF, 2001, pp. 171-202.

Reed, Cory A. “Cervantes, Technology, and the Novel.” Jornadas científicas. 11 abril de 2025, Baylor University. Conferencia.

_. Cervantes, Technology, and the Novel: An Aesthetic of Instrumentality in Don Quixote. U of Toronto P, 2025.

Warshaw, J. “Galdós’ Indebtedness to Cervantes.” Hispania, vol. 16, núm. 2, 1933, pp. 127–42. JSTOR, https://doi.org/10.2307/332719.

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Sanar el trauma del exilio: la reconstrucción del hogar en Una casa lejos de casaÌý /elcid/2026/08/sanar-el-trauma-del-exilio-la-reconstruccion-del-hogar-en-una-casa-lejos-de-casa/ Mon, 17 Aug 2026 18:10:07 +0000 /elcid/?p=411 Rozhin RazaviÌýPhD student, Romance Languages, The University of AlabamaÌý ±õ²Գٰù´ǻå³ܳ¦³¦¾±ó²Ô  En su obra titulada Una casa lejos de casa. La escritura extranjera (2020), la autora argentina Clara Obligado relata su experiencia de exilio tras tres décadas. Fue desterrada de Argentina a España en 1976, durante la dictadura militar de su país, conocido como el Proceso […]

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Rozhin RazaviÌý
PhD student, Romance Languages, The University of AlabamaÌý

±õ²Գٰù´ǻå³ܳ¦³¦¾±ó²Ô 

En su obra titulada Una casa lejos de casa. La escritura extranjera (2020), la autora argentina Clara Obligado relata su experiencia de exilio tras tres décadas. Fue desterrada de Argentina a España en 1976, durante la dictadura militar de su país, conocido como el Proceso de Reorganización Nacional. 

El desplazamiento forzado, caracterizado por una acción no voluntaria e imprevista, puede conllevar consecuencias psíquicas significativas, tales como el trauma. Como lo expone Dominik LaCapra en su obra Writing History, Writing Trauma: “Trauma indicates a shattering break or cesura in experience which has belated effects” (118). En el ámbito de la migración o el exilio, el trauma se conceptualiza como la consecuencia de la pérdida no solo del territorio de origen, sino también de las estructuras familiares, la comunidad y la continuidad personal. La emigración forzada implica pérdidas emocionales y existenciales que presentan una considerable dificultad para ser superadas. En este contexto, el trauma se refiere tanto al impacto inicial del desplazamiento como a sus efectos persistentes, incluyendo la nostalgia, la pérdida de identidad y la inquietud por lo que se ha dejado atrás. Según LaCapra, la clave para lidiar con el trauma del exilio radica en distinguir entre “acting out” y “working through” (26). 

El exilio y el trauma 

Obligado, licenciada en Literatura, proviene de una familia de clase alta donde la lectura constituía un componente esencial de su cultura. Este valioso legado literario fue heredado de su padre y su abuelo, y la biblioteca en su hogar representó un elemento central durante su infancia. En una entrevista publicada por Adrián Ferrero, Obligado reconoció su herencia literaria: “Provengo de una familia dedicada a la literatura porque mi bisabuelo era Rafael Obligado, así que me crié entre libros, ya que teníamos parte de su biblioteca” (184). A pesar de la distancia de su Argentina natal, Obligado mantuvo su carrera como autora, superando numerosos obstáculos a lo largo de su trayectoria. 

El tema del exilio, el viaje y el destierro se encuentra presente de manera recurrente en numerosas obras de Obligado, tales como Las otras vidas (2005) y El libro de los viajes equivocados (2011). En la introducción de esta última, la autora afirma: “Este ir y venir, esta espiral, es la historia de mis cuentos” (13). Entre sus publicaciones más destacadas se encuentra Una casa lejos de casa, un escrito narrativo cuyo género se encuentra entre el ensayo y la autobiografía.  En esta obra, Obligado relata sus propias experiencias y los frutos de su exilio, al tiempo que reflexiona sobre diversos escritores que, al igual que ella, escribieron desde el desarraigo o el exilio. 

Precisamente porque esta obra gira en torno al concepto de exilio, en este trabajo he optado por el término “exilio” en lugar de “emigración”, dado que, en su entrevista, la autora misma expresó: “Yo no decidí dejar la Argentina, no hubo nada de voluntario en mi viaje […] Creo que el término ‘exilio’ posee una carga de violencia política singular […] El exilio supone la imposibilidad de regresar al propio territorio porque la propia vida está en riesgo” (186). Esta distinción resulta fundamental, ya que enfatiza la naturaleza forzada y traumática de su exilio, mientras que la emigración connota una decisión voluntaria de desplazamiento.  En relación con esta diferencia, en su libro afirma que “el emigrante tiene esperanzas con respecto al futuro; el exilado, en cambio, habita la nostalgia. La emigración supone proyectos y precariedad económica; el exilio, en cambio, es una especie de muerte en vida, aunque a veces transcurre sin mayores problemas económicos” (76). 

Su destino, España, en la época posterior al régimen franquista, experimentaba nuevos momentos de democracia y una revitalización cultural, al tiempo que comenzaba a recibir inmigrantes de diversas regiones. La población española, sin embargo, no estaba culturalmente preparada para este fenómeno relativamente reciente. Históricamente, los inmigrantes argentinos han sido recibidos con mayor benevolencia en comparación con sus homólogos de otros países latinoamericanos. Como lo señala Nelson Danilo León en su artículo: “Argentinian immigrants then seemed to blend right into their new surroundings. In part, this was because of their desirable professional qualifications and their economic contributions to the new emerging neoliberal economic society” (29). 

En 1976, la ascensión del dictador Jorge Rafael Videla al poder en Argentina desencadenó un significativo flujo de exiliados políticos, la mayoría de los cuales se asentaron en la España recién democratizada. En consecuencia, numerosos jóvenes argentinos pertenecientes a la generación de Obligado vivieron experiencias similares. Al tener el idioma común, inicialmente España parece el destino ideal para los hispanohablantes, pero en realidad planteó nuevos desafíos para los autores como ella, ya que debían encajar en el canon de la literatura española. Susanna Regazzoni observa que “Obligado escribe en su doble exilio como mujer y como desterrada, como persona desplazada, situada en los márgenes de un campo intelectual y literario dominado por los criterios de distinción y segregación masculinos” (236). La propia autora evoca esta situación en una entrevista: “En España, nadie me considera una escritora española y en mi país tampoco me ven como una autora argentina” (187). 

De acuerdo con Regazzoni, la literatura emergente en España durante las últimas décadas, resultado del exilio y la diáspora de numerosos artistas no nacidos en el país, ha sido caracterizada de diversas maneras: “para unos críticos presenta características híbridas, transculturales, extraterritoriales, o se trata de una literatura desterritorializada, de la frontera o del exilio” (231).  No obstante, Ferrero argumenta que Obligado interpreta esta categoría de manera distinta, sugiriendo la existencia de “una generación transparente, puesto que están, pero no se ven y se los excluye de la historia literaria nacional” (187). LaCapra argumenta que la exclusión representa un “historical loss” (48) que se disfraza bajo la retórica de una ausencia natural, es decir, la noción de que, al no ser españoles, no pertenecen al canon literario.  Esta pérdida se asocia con un “founding trauma” (101) nacional que determina quiénes son incluidos y excluidos de la historia literaria. 

La experiencia de la diáspora puede resultar particularmente amarga en sus etapas iniciales, tal como lo describe la autora: “No voy a hablar de los primeros tiempos del exilio, tardé treinta años en poder narrarlos, fueron como una vida que apenas si lograba mantenerse en pie” (49). La severidad de ese período fue tal que necesitó varias décadas para poder narrarlo. En su obra titulada Unclaimed Experience: Trauma, Narrative, and History, Cathy Caruth explora la evolución semántica del término “trauma”.  Inicialmente, en la lengua griega, esta palabra designaba “an injury inflicted on a body” (p. 10). Posteriormente, adquirió una connotación específica en el ámbito médico y psiquiátrico, particularmente en los escritos de Sigmund Freud, donde se refiere a “a wound inflicted not upon the body but upon the mind” (10). Caruth argumenta que el trauma no se limita a un evento violento en sí mismo, sino que se manifiesta como el impacto diferido y recurrente de una experiencia que quedó atrás, sin haber sido plenamente experimentada o comprendida en el momento de su ocurrencia. 

Acting Out en Una casa lejos de casa 

La obra de Obligado ejemplifica los conceptos de acting out y working through, introducidos por LaCapra, a través de la división de sus capítulos. El libro se compone de dos secciones principales: “En casa” y “Lejos de casa”. En la primera, la autora narra su vida en Argentina, describiendo vívidos recuerdos de su infancia en Buenos Aires, su hogar, su familia y la ciudad. En contraste, la segunda sección explora cómo, a pesar de las adversidades, logró sobreponerse al trauma y concluye que esta experiencia, a pesar de su dureza, le ha brindado numerosos logros. 

En la fase inicial, denominada acting out, el exiliado se encuentra incapacitado para procesar el dolor asociado con la diáspora, dado que este proceso implica la revivencia compulsiva de eventos traumáticos como si ocurrieran en el presente.  Esta circunstancia impide al individuo comprometerse plenamente con el presente. En su obra, Obligado describe una existencia “en pausa” durante sus primeros años en España, afirmando: “En aquellos primeros años, me daba igual, no me planteaba quedarme, vivía una existencia en pausa. Regresar es el sueño de todo exilado” (54).  Si bien físicamente se encontraba en España, una parte de su ser permanecía anclada en el pasado, lo que le impedía integrarse plenamente en el tiempo presente del país de acogida. El sentimiento de suspensión, descrito como “vivir fuera del tiempo y en el tiempo” (72), dificulta la integración del inmigrante en la comunidad. La incapacidad de vivir en el presente puede acarrear consecuencias graves, como lo explica LaCapra (2001). En el acting out, el sujeto permanece “possessed, however vicariously, by the past” y revive de forma reiterada sus escenas traumáticas, lo que puede llevarlo a ser “incapable of acting responsibly or behaving in an ethical manner” (29). 

Dado que el exilio frecuentemente se presenta como un evento imprevisto, su afrontamiento puede resultar particularmente complejo. Caruth afirma que “the traumatic accident takes place too soon, too suddenly, too unexpectedly, to be fully grasped by consciousness” (114). En consecuencia, para Obligado, la experiencia inicial de este nuevo comienzo, mientras asimilaba este significativo cambio, fue de una intensidad considerable. 

En una entrevista, Obligado describe la dificultad inicial con la metáfora de “cortarse un brazo y saber, de antemano, que nunca cicatrizará” (178). Al llegar a España, se encontró en una situación de aislamiento total, comparándola con “estar sola en el mundo” (186).  Residía en una vivienda reducida, compartida con otros exiliados, y carecía de recursos económicos, atravesando un periodo que recuerda como “una larguísima noche” (188). LaCapra enfatiza que el trauma “disarticulates the self and creates holes in existence” (36), con efectos persistentes que “perhaps never fully mastered” (36), por lo que el proceso de duelo solo puede mitigar, pero no erradicar, el dolor. 

Uno de los desafíos más significativos que enfrentó al llegar a España fue la precariedad laboral. Como lo expresa la autora: “Había pasado de ser una niña de educación francesa y universidad privada a una trabajadora extranjera” (53). Esta experiencia ilustra una realidad común entre muchos inmigrantes, quienes, al establecerse en el país de acogida, se ven relegados a empleos precarios que distan considerablemente de su formación académica o trayectoria profesional previa. Esta descalificación laboral no solo conlleva una pérdida económica, sino que también representa una fractura simbólica en la identidad del sujeto migrante. 

Durante sus primeros años en Madrid, la autora compartía y reiteraba la experiencia del exilio con otros individuos en circunstancias similares. Ella misma relata este periodo en su obra, describiendo: “Reuniones con exilados, comités de solidaridad, pisos pequeños abarrotados por los que iban llegando, historias desoladoras, vidas rotas. Todos parecíamos más viejos, y las noticias que llegaban desde Argentina eran escalofriantes” (46). Estas escenas, según LaCapra, ilustran la propensión de las personas que han experimentado un trauma a permanecer atrapadas en la repetición de su vivencia. LaCapra argumenta que “This is very clear in the case of people who undergo a trauma. They have a tendency to relive the past, to be haunted by ghosts or even to exist in the present as if one were still fully in the past, with no distance from it” (89). En este contexto, las reuniones con otros inmigrantes y la recreación de los mismos recuerdos pueden interpretarse como un intento de procesar el dolor y la pérdida, o bien como una manifestación de la imposibilidad de separación que caracteriza la experiencia traumática. 

La lengua como frontera y como herida 

Uno de los principales desafíos que enfrenta Obligado es la lengua y la comunicación. Si bien comparte el castellano, la narradora percibe el español peninsular como una barrera: la desorienta, no comprende todas las expresiones y su acento la identifica como extranjera. Esta tensión entre el español de Argentina y el peninsular genera incomunicación, vergüenza y la sensación de tener que modificar o adaptar su lengua materna, que eventualmente se convierte en una lengua híbrida. Como señala Regazzoni, asumir esta situación implica: “Hay que destacar el trabajo que conlleva el deseo de evitar la contaminación de la lengua o, como suele suceder, aceptar un resultado mixto que termina por no ser ni español ni argentino o por ser los dos a la vez” (231). LaCapra también enfatiza el riesgo de convertir el trauma y la pérdida en “founding identities” (25) que otorgan un privilegio o una autoridad simbólica. Este fenómeno puede extenderse al lenguaje: el peligro de que el hablante exiliado absolutice un español argentino puro frente a una variante peninsular contaminante, o que, por el contrario, elimine su propio idiolecto para asimilarse. 

Desde su llegada, la autora percibe la paradoja de compartir un idioma que, no obstante, no asegura la comunicación: “Al principio había tantos puntos en común, pero a la vez nada parecía semejante, como esa falsa proximidad del castellano” (52). Obligado resume esta distancia al afirmar: “No comprender lo que te dicen, aunque hables en el mismo idioma” (46). En otro pasaje, insiste: “Todo nos une. Todo, menos el idioma” (57). Caruth enfatiza que el trauma provoca una crisis específica de escucha e interlocución: la voz traumática emana desde un vacío entre el saber y el no saber, y exige un oyente capaz de recibir “the other’s story” que no es inmediatamente comprensible. La paradoja que subraya Obligado refleja esta estructura: compartir el español no garantiza la comprensión mutua, y el sujeto exiliado experimenta tanto la incomprensión como la necesidad de continuar comunicándose. 

Al establecerse en España, Obligado se enfrenta a la necesidad de adaptar su léxico y sintaxis al español peninsular para asegurar una comunicación eficaz.  Sin embargo, esta adaptación conlleva un conflicto identitario, ya que percibe una modificación o traición a su lengua materna. Ella misma describe este proceso de la siguiente manera: “Escribo traduciéndome a mí misma, de un castellano a otro. Es como si padeciera un bilingüismo simultáneo e incontrolable donde un país se solapa con el otro. Pensar cada término, elegirlo. Hablar al mismo tiempo en dos idiomas” (69).  Para Obligado, la lengua constituye un componente fundamental de sus orígenes. A pesar de residir lejos de Argentina, anhela que sus hijas preserven ese vínculo lingüístico para evitar la ruptura de la cadena que las conecta con su pasado. Este deseo se manifiesta a través de un juego familiar: “Tenemos en casa un juego que nos es propio: el de los sinónimos. Digo ‘grifo’ y las niñas responden ‘canilla’” (90). 

Con el transcurso del tiempo, este problema también experimenta una mitigación.  Simultáneamente, la autora reconoce que esta distancia con respecto a su castellano materno le proporciona una perspectiva alternativa.  Afirma: “La distancia que establezco con respecto a mi castellano natal me resulta cómoda; esta suerte de traducción que me aleja, de alguna manera, de mis emociones, me ayuda a reflexionar. Es como si estuviera sumergida en una versión subtitulada” (101). La descripción que realiza Obligado de traducirse a sí misma entre dos variantes del castellano, y de emplear dicha distancia para el pensamiento y la escritura, puede interpretarse como una forma lingüística de working through: el desplazamiento traumático del exilio persiste, pero la lengua híbrida se convierte en un espacio de reflexión y no en una mera repetición. 

Working Through: Reconstrucción 

El proceso de working through representa una fase en la cual el individuo, si bien no logra erradicar el trauma ni siquiera olvidarlo por completo, consigue establecer una distancia emocional con el dolor experimentado. LaCapra subraya que el working through no se traduce en “cierre, totalización, curación completa o dominio total” (90). Este fenómeno le permite mitigar el dolor, aceptarlo y reconstruir el sentido de vida tras un desplazamiento forzado. 

La mera contemplación del título del libro permite prever el desenlace de esta búsqueda. Obligado, a pesar de la considerable distancia que la separa de su hogar en Buenos Aires, logra erigir una vivienda en España. Este acontecimiento demuestra que ella no ha perdido su conexión con Argentina, sino que ha logrado establecer un nuevo hogar y reafirmar su identidad en el país de acogida. A lo largo de la obra, la narradora reflexiona sobre su proceso de adaptación a la nueva realidad en España. Describe el considerable esfuerzo requerido para establecerse en el país extranjero y el desarrollo gradual de su autodefinición como expatriada. Según la autora, la condición del exiliado experimenta una transformación, llegando al punto de concebir “el exilio como identidad. La extranjería como patria. Sin sujetarme a la tierra, como el clavel del aire, enraizar” (76). 

De acuerdo con LaCapra, el proceso de working through no es un tratamiento lineal, sino un proceso complejo y continuo que comprende múltiples etapas. En la primera etapa, el individuo establece una distancia con el acontecimiento traumático y reconoce que, si bien el trauma ocurrió y continúa impactando el presente, este último es distinto del pasado. El individuo traumatizado debería ser capaz de afirmar que “something as having happened back then which is related to, but not identical with, here and now” (48). En el caso de la experiencia de Obligado tras su estancia en Madrid, ella explora la ciudad con una nueva perspectiva: “La feroz nostalgia había dado paso a un sentimiento de curiosidad; podía mirar Madrid como si la estuviera inaugurando” (83). De esta manera, la autora ilustra cómo la toma de distancia le permitió abrirse a nuevas formas de habitar el presente. 

La autora exiliada, reconociendo la imposibilidad de rechazar y resistir la situación actual en España, opta por aceptarla. Expresa esta decisión de manera explícita: “Había decidido no rechazar el país que me había tocado un poco por casualidad y observaba muchas formas de adaptarse; la más penosa era la sumisión” (67). El proceso de working through implica la adquisición de una cierta distancia crítica que permite a la víctima reconocer el acontecimiento traumático como un evento del pasado. “Yes, that happened to me back then. It was distressing, overwhelming; perhaps I can’t entirely disengage myself from it, but I’m existing here and now” (89), lo que facilita la reapertura del presente y la recuperación de la capacidad de adaptación. 

LaCapra postula que el proceso de working through implica un duelo, el cual permite reconocer y conmemorar la pérdida sin quedar estancado en ella.  El individuo en estado de exilio, especialmente en sus fases iniciales, experimenta una profunda sensación de aislamiento. No obstante, es innegable que esta experiencia de soledad puede eventualmente conducir a una existencia más enriquecedora.  Para Obligado, el exilio representó una experiencia similar, y ella afirma: “Sucedió después de los adioses, las partidas […] después de esa nostalgia ambigua y oscura, sucedió que miré a mi alrededor y comprendí, por fin, que el dolor multiplica la vida […]” (110). En consecuencia, el testimonio de Obligado evidencia que el duelo transforma la pérdida en una fuerza vital que posibilita la adquisición de nuevas formas de sentido y pertenencia. 

No obstante, no todas las experiencias durante working through se caracterizan por pérdidas. En este contexto, Obligado adopta una perspectiva menos pesimista, reconociendo que “no todo es pérdida cuando se cambia, también lo que se gana es mucho” (67). La escritora, al final, se siente satisfecha y contenta con su decisión, reconociendo que, por difícil que haya sido, le ha aportado mucho a su vida. “Si me hubiera quedado en Buenos Aires, es probable que no hubiera salvado la vida. Si no me hubiera tenido que marchar, no habría sido escritora […] Le debo al exilio esta mañana tranquila, este sol que entra por la ventana […]”. (107) En su análisis del propio exilio de Freud de Viena, Caruth enfatiza que la invasión alemana lo obliga a partir, pero que esta partida impuesta es posteriormente resignificada por Freud como una especie de libertad para escribir y para “die in freedom” (31), transformando la pérdida involuntaria en una postura voluntaria.   

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La narrativa de Clara Obligado sobre la experiencia del exilio evidencia la complejidad de un proceso caracterizado por la coexistencia de la pérdida y la potencialidad de reconstrucción. A partir de la distinción propuesta por LaCapra entre un estadio inicial de acting out y un posterior working through, resulta posible comprender cómo el desplazamiento forzado induce al sujeto a una repetición compulsiva del pasado, impidiéndole habitar plenamente el presente. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, se abre la posibilidad de un proceso de elaboración que articula el trauma sin clausurarlo ni obliterarlo. Asimismo, la concepción del trauma como experiencia diferida, tal como la plantea Caruth, permite interpretar el exilio como una herida cuya verdad se revela plenamente en las narraciones posteriores. En su obra Una casa lejos de casa, Obligado transforma su dolor en una forma de conciencia crítica.  Como la propia autora reconoce, el exilio puede propiciar la aparición de posibilidades insospechadas y conducir a un desarrollo personal que habría sido inalcanzable sin la ruptura inicial. Este proceso de transición genera, según la autora, un sentimiento de “dolorosa superioridad” (77), una compleja interacción entre el sufrimiento y la lucidez que caracteriza la experiencia del exiliado. 

El testimonio de Obligado confirma que el trauma del exilio, si bien no se supera por completo, puede resignificarse y convertirse en un punto de apoyo para la reconstrucción de la propia existencia. Su afirmación, “La vida me ha quitado muchas cosas, y también me las ha dado” (108), sintetiza esta idea. El exilio, aunque impuesto y doloroso, se transforma en un espacio de creación, de identidad renovada y de afirmación vital. Su escritura demuestra que incluso las experiencias más devastadoras pueden contener un potencial de libertad que redefine la relación entre pérdida y posibilidad. 


Obras citadas 

​​Caruth, Cathy. Unclaimed experience: trauma, narrative, and history. The Johns Hopkins University Press, 2016. 

​Ferrero, Adrián. «Entrevista con Clara Obligado.» Confluencia: Revista Hispánica de Cultura y Literatura, vol. 31, n.2, 2016, pp. 184-193. 

​LaCapra, Dominick. Writing history, writing trauma. The Johns Hopkins University Press, 2001. 

​León, Nelson Danilo. «Children of the Motherland: The Otherization of Latin American Immigrants in Contemporary Spain» Rocky Mountain Review, vol. 73, 2019, pp. 27-41. 

​Obligado, Clara. Una casa lejos de casa. La escritura extranjera. Contrabando, 2020. 

​_³å³å³å³å³å³å³å³å³å³å³å³å. El libro de los viajes equivocados. Páginas de Espuma, 2011. 

​Regazzoni, Susanna. «Pérdidas y abandonos en Una casa lejos de casa. La escritura extranjera de Clara Obligado.» Oltreoceano: Rivista sulle migrazioni, vol. 23, 2024, pp. 229-237. 

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Cuestión de honor: el arte de aparentar en sociedadÌý /elcid/2026/08/cuestion-de-honor-el-arte-de-aparentar-en-sociedad/ Mon, 17 Aug 2026 18:07:37 +0000 /elcid/?p=409 Michel A. Caicedo MartínezÌýThe University of AlabamaÌý En la sociedad española del siglo XVI, el honor ocupaba un lugar central, definido por el linaje, las virtudes y el cumplimiento de estrictas normas de etiqueta, como lo describen Baldassare Castiglione en El Cortesano y Giovanni Della Casa en Galateo. La nobleza, según estos autores, no solo exigía un linaje […]

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Michel A. Caicedo MartínezÌý
The University of AlabamaÌý

En la sociedad española del siglo XVI, el honor ocupaba un lugar central, definido por el linaje, las virtudes y el cumplimiento de estrictas normas de etiqueta, como lo describen Baldassare Castiglione en El Cortesano y Giovanni Della Casa en Galateo. La nobleza, según estos autores, no solo exigía un linaje impecable, sino también modales refinados y un comportamiento intachable que reflejara valores morales superiores. Este ideal, que debía sostenerse como un modelo de excelencia, evolucionó con el tiempo, mostrando fisuras que dejaban entrever la hipocresía y las tensiones entre la apariencia y la realidad. 

Esta noción de honor, cuidadosamente construida y mantenida, no solo fue una característica distintiva del Renacimiento, sino que sigue vigente, aunque adaptada, en sociedades modernas obsesionadas con el estatus y la apariencia. ¿Qué sucede, entonces, cuando esta fachada de perfección comienza a desmoronarse? Abordaremos esta cuestión tomando como punto de partida el Tratado III de La vida de Lazarillo de Tormes, con un enfoque en el escudero, el tercer amo de Lázaro. El análisis del escudero se complementará con un caso contemporáneo documentado en 2018 por Jessica Pressler en el artículo Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of It, que narra la historia de Anna “Delvey” ​Sorokin, una joven que se​ presentó como una rica heredera alemana para infiltrarse en la élite social de Nueva York. Al comparar estos dos casos separados por siglos, exploraremos cómo la obsesión por la apariencia trasciende épocas, que según Wardropper, refleja una lucha constante entre el “ser y el parecer” (446).  

La nobleza del Cortesano y el Galateo 

Comenzaremos con las ideas planteadas por Castiglione en su tratado El Cortesano del año 1528. En primer lugar, el autor afirma que un noble debe ser “de buen linaje” (76), ya que la sangre es un factor determinante, aquellos de baja cuna carecen “del deseo de la honra y del temor de la deshonra” (76). Además, el noble ideal debe contar con “el favor de la influencia de los cielos” (79), poseer un buen ingenio y ser un “gentil hombre de rostro y de buena disposición de cuerpo”, alcanzando así “una cierta gracia en su gesto” (79), se trata de un noble perfecto, agraciado no solo por la divina providencia, sino también admirado por todos (79).  

Complementando estas ideas, Xabier Granja Ibarreche señala que Castiglione enfatiza a lo largo de su obra la necesidad de que el cortesano abrace un comportamiento moral constante, de modo que su gracia natural sea reflejada en todos sus actos (233). De este manera, el modelo del cortesano ideal integra atributos físicos, intelectuales y éticos que lo posicionan como un referente de excelencia en la sociedad renacentista. 

Todas estas características conforman un modelo que debía sostenerse en la sociedad de la época, aunque con el paso del tiempo sufrió adaptaciones. Para 1558, Della Casa revisa y ajusta ligeramente el ideal de nobleza presentado por Castiglione, ofreciendo en su Galateo una perspectiva más centrada en los modales y la conducta. Della Casa subraya la importancia de “templar y ordenar tus modales” (143), lo que implica evitar malas costumbres y adoptar un comportamiento refinado. Además, detalla normas sobre el comportamiento en la mesa y destaca la necesidad de una vestimenta adecuada, “​todo el mundo debe ir bien vestido, según su​ ​condición y según su edad​… ​y no sólo es​ importante ​que la vestimenta sea​ ​de finos paños, sino también que el hombre se esfuerce en avenirse​ cuanto ​pueda a la costumbre de los demás ciudadanos y amoldarse a sus usos​” (152).  

Mientras Castiglione privilegiaba el estatus y el linaje como rasgos fundamentales de la nobleza, Della Casa enfatiza la educación y los modales como reflejo del estatus noble. Según Granja Ibarreche, Della Casa reconoce que, aunque las acciones honorables son esenciales para mantenerse en el camino moral, ser de alta cuna pierde relevancia frente a la conducta amable, la cual se convierte en un requisito indispensable para ingresar a la élite (235). 

Cuestión de honor 

Bajo esta noción de nobleza presentada por Castiglione y Della Casa, nos proponemos analizar al personaje del escudero, el tercer amo del joven Lázaro. El escudero aparentemente noble en principio parece ser la solución a las penurias que Lázaro estaba padeciendo. Al acogerlo, el escudero insinúa que su encuentro es una obra divina, diciéndole “que ​Dios te ha hecho merced en topar comigo​ [sic]. ​Alguna buena oración​ ​rezaste hoy​” (Anónimo 21). Sin embargo, a medida que avanza el día, Lázaro comienza a descubrir la verdadera naturaleza del escudero, pasa mucho tiempo en la iglesia, vive en una casa vacía, come muy poco, y toda su vida parece ser una fachada de apariencias. De hecho, “cierra la puerta con llave” (Anónimo 24) no por seguridad, sino para mantener la ilusión de tener algo que proteger.  

Como señala Weiner, “por la boca del propio escudero y su contacto con él, Lázaro llega a saber mucho de su vida: de dónde viene, por qué está en Toledo y las apariencias en las cuales el escudero se envuelve y se protege” (419), aunque esta actitud puede parecer extrema, especialmente porque “Lázaro no entiende la ‘honra’ del escudero; le parece absurda” (Sabat de Rivers 241). Es evidente que, para el escudero, el honor es un valor esencial que guía su comportamiento. Veremos cómo los modelos de Castiglione y Della Casa son usados en este aparente honor que posee el escudero de forma social pero la realidad solo la ve quien habita con él. 

Weiner señala que “​el autor presenta a un escudero que se deja llevar por​ ​la fuerza de la honra, la cual no le permite hacer trabajo manual y le​ ​obliga a vivir en un mundo de apariencias​” (419). Este mundo de apariencias funciona como un mecanismo de camuflaje social, donde los individuos intentan ocultar sus carencias tras una fachada cuidadosamente construida. Sin embargo, este comportamiento refleja un patrón que se ha ido transformando a lo largo de los siglos, evidenciando cómo los principios de honor que alguna vez se percibían como inquebrantables han ido degradándose. En este sentido, la línea que separaba al noble ideal, tal como lo describía Castiglione como el “perfecto cortesano” (24), se ha desdibujado con el paso del tiempo. 

Granja Ibarreche explica que el transcurso del tiempo ha jugado un papel crucial en la adulteración de esta imagen tradicional de la nobleza: 

The eighteenth century commenced with increasingly adulterated noble values that shaped nobility into a ‘nebulosa social, de confusos bordes y de difícil estructuración interna’ (Soria Mesa 37) after decades in which all sorts of individuals, noble or ignoble, moral or immoral, managed to become part of the elite to improve their living conditions. Spain inaugurated its eighteenth century with a group of noblemen who… predominantly lacked the traditional cultural, political and religious virtues to cement their distinct morally superior identity (242). 

Esta observación resalta cómo, incluso en el presente, el ideal de nobleza sigue siendo tergiversado y adaptado. Esto se refleja en personajes como el escudero, quienes construyen su identidad sobre ilusiones para alcanzar un estatus social al que no pueden aspirar en términos reales. Un ejemplo contemporáneo de este fenómeno es el caso documentado por Jessica Pressler en Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of It de 2018, que relata la historia de Anna Delvey, una joven que fingió ser una rica heredera alemana para infiltrarse en la élite de la sociedad ​Neoyorquina​. Tanto en el siglo XVI como en la actualidad, estos casos demuestran que las apariencias pueden ser un recurso poderoso, pero también un arma de doble filo cuando las mentiras quedan al descubierto. 

En su crónica, Pressler describe a Anna como alguien que “had long been a figure on the New York social scene… ​it was unclear where exactly Anna​ ​came from — she told people she was from Cologne, but her German wasn’t​ ​very good — or what the source of her wealth was. But that wasn’t​ ​unusual​”, Delvey mantenía la ilusión de riqueza repartiendo dinero en efectivo y haciendo que otros pagaran sus cuentas, siempre prometiendo que les devolvería el dinero. Sin embargo, para algunos de sus allegados, esta fachada comenzó a desmoronarse, como fue el caso de una empleada de hotel quien se hizo amiga de Anna y tuvo que pagar una de las muchas cenas que compartieron. Según Pressler, “​Anna was having cash-flow issues​ ​of her own​… ​at the end of the meal, Anna’s card was declined​”. Este evento marcó el principio del fin de la imagen honorable que su amiga tenía sobre Anna. 

El escudero y Anna Delvey comparten una vida de apariencias que oculta su verdadera situación de precariedad. Como señala Weiner, el escudero se ve forzado ​a “dar la impresión de que come cuando en realidad no come y que​ ​viste bien cuando no dispone de medios económicos para comprar traje”​ (419), viviendo de ilusiones para mantener su honor frente a la sociedad. De manera similar, Pressler describe a Delvey como que “​Anna was effectively​ ​homeless, wandering the streets in threadbare Alexander Wang sportswear​”, proyectando una imagen de lujo mientras en realidad carecía de recursos.  

Ambos personajes intentan desesperadamente mantener la fachada de estatus y riqueza, aunque la verdad es que, como dice el Lazarillo sobre el escudero, “este… es pobre y nadie da lo que no tiene” (Anónimo 27). La miseria los obliga a actuar como si tuvieran lo que les falta, mostrando cómo las apariencias pueden ser un escudo frágil contra la realidad de la pobreza y la falta de honor. Es contradictorio a la vez porque en su búsqueda del honor y la aceptación, se convierten en aquello que la sociedad rechaza, su búsqueda se vuelve inherentemente desequilibrada, ya que el balance es algo importante en esta sociedad, estos están centrados solamente en un aspecto de lo que valora la sociedad (apariencia, honor), sacrificando el resto. Este desequilibrio es lo que al final es insostenible, trayéndoles su caída. 

Al igual que el escudero, Anna Delvey enfrenta crecientes dificultades para mantener su estatus, ambos atrapados en un mundo de apariencias. Como señala Wardropper, la base de su honor “no es más que una apariencia” (444). Aunque “​Anna did seem to be a popular ‘woman about​ ​town’ who knew everyone​” (Pressler), su vida estaba construida sobre mentiras. De manera similar, el escudero desfilaba por la iglesia con una capa fina, proyectando una imagen de nobleza, cuando en realidad “es un vanidoso sin dinero” (Wardropper 446). Se creía superior a los demás, incluso diciendo “​caballeros de media talla, también me ruegan; mas​ ​servir con estos es gran trabajo​” (Anónimo 30), dando a entender que mantener la ilusión de honor le impedía trabajar para otros. 

Durante una procesión fúnebre, Lázaro escucha cómo describen el lugar al que llevan al difunto como “¡​la casa lóbrega y obscura, a la casa triste​ ​y desdichada, a la casa donde nunca comen ni beben​!” (Anónimo 28), lo cual le lleva a comentar que están describiendo la casa de su amo. Lázaro se da cuenta de que su futuro con él no es prometedor, de la misma manera en que Anna Delvey se enfrenta a la rápida caída de su mundo en Nueva York, para ella “things were rapidly deteriorating” (Pressler). Las mentiras, inevitablemente, llegan a un punto de no retorno, causando un cambio drástico en el entorno y en las personas a su alrededor. 

La gran revelación 

Cuando estos personajes, cuya nobleza es solo fachada, comienzan a involucrar a  algunos elementos que punzan sus frágiles engaños, es cuando sus máscaras empiezan a desmoronarse y rápidamente se caen. El escudero es descubierto cuando “​el hombre le pide el alquiler de la casa​ ​y la vieja el de la cama​… ​Mas su salida fue sin vuelta. Por manera que a​ ​la tarde ellos volvieron, mas fue tarde​” (Anónimo 30). Anna Delvey, por su parte, “she screwed basically everyone” (Pressler). Y cuando ya no tienen con quién jugar para mantener las apariencias, la verdad sale a la luz, revelando la mentira sostenida desde el principio.  

El escudero quiere mantener en todo momento su apariencia, “​solamente te​ ​encomiendo no sepan que vives comigo [sic], por lo que toca a mi honra, aunque​ ​bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy​ ​conocido​” (Anónimo 25) revela su obsesión por proteger su honra, incluso en un contexto donde su reputación es prácticamente inexistente. Este deseo de ocultar su pobreza tras una fachada de respeto social expone la paradoja de su situación, su honra, lejos de ser un reflejo de virtudes internas, depende enteramente de las apariencias externas.  

La angustia del escudero por mantener este secreto subraya la presión social que lo obliga a vivir según las normas de un modelo de nobleza degradado (Granja Ibarreche 242). Este temor también lo aísla, reforzando la idea planteada por Wardropper de que en este mundo “todo es hipocresía” (446). La necesidad de aparentar, incluso en un entorno donde no hay nadie para juzgarlo, ilustra hasta qué punto las estructuras sociales moldean la identidad personal, perpetuando una desconexión entre el ser y el parecer que no solo define al escudero, sino también a los individuos atrapados en dinámicas similares en contextos modernos. Individuos como Anna Delvey, por ejemplo, que se aferraba a la ilusión de ser una rica heredera alemana incluso cuando su círculo más cercano comenzaba a cuestionarla. 

Este tipo de comportamientos comprometen el honor y los valores de los personajes, quienes buscan ser parte de una sociedad que los desechará si no cumplen con sus expectativas. Lázaro relata que, tras la desaparición de su amo, “​ellos me preguntaron por él y díjele que no sabía adónde​ ​estaba… y​ pensaba que ​de mí y de ellos se había ido con el trueco​… y ​entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda​” (Anónimo 31). En el caso ficticio del escudero, podría parecer que logró huir para comenzar de nuevo, pero en la vida real, las acciones tienen consecuencias. Como señala Pressler en su crónica, Anna terminó pagando el precio de sus engaños: “​Wannabe Socialite Busted for Skipping Out on​ ​Pricey Hotel Bills​”. De esta manera es revelada la verdadera identidad, ya no es más Anna Delvey, ahora es Anna Sorokin, nacida en Rusia, quien vivió en Alemania desde temprana edad, es aquí donde se explica la razón de por qué su supuesta lengua materna, el alemán, no era tan buena. 

Anna afirmó en una ocasión que “money, like, there’s an unlimited amount of capital in the world… but there’s limited amounts of people who are talented” (Pressler), una declaración que refleja su percepción de sí misma como alguien excepcional, capaz de manipular la realidad a su favor. Al igual que el escudero, Anna poseía un talento nato para el engaño, construyendo una fachada de riqueza y honor que ocultaba su verdadera condición. Ambos comparten la habilidad de proyectar una imagen ilusoria de éxito y nobleza, pero detrás de esa máscara se encuentran como lo describe el pasaje bíblico, “​porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de​ ​ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado,​ ​miserable, pobre, ciego y desnudo​” (RVR60, ​Ap. 3:17​). Esta conexión entre Anna y el escudero pone en evidencia cómo la falsa apariencia de grandeza no solo engaña a quienes los rodean, sino también a ellos mismos, perpetuando un ciclo de autoengaño y vacío moral. 

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El problema del “ser y el parecer”, que Wardropper describe como una realidad donde “todo es hipocresía” (446), revela la desconexión entre la esencia y la apariencia en distintas épocas históricas. El escudero de La vida de Lazarillo de Tormes personifica esta tensión, aferrándose a una fachada de nobleza que no posee, mientras lucha por sostener su honor en un entorno que valora más las apariencias que la verdad. Este ideal, originalmente planteado por Castiglione en su visión del “perfecto cortesano”, se degrada con el tiempo, como señala Granja Ibarreche, en una nobleza “adulterada” que pierde sus virtudes esenciales y se convierte en un reflejo vacío de lo que alguna vez representó (242). En el caso del escudero, su obsesión por la honra lo aísla y lo condena a vivir en un mundo de ilusiones, donde la pobreza lo define más que su supuesto estatus, y su vanidad se convierte en un obstáculo para enfrentar la realidad, como explica Weiner (419). 

En el contexto moderno, esta lucha entre la apariencia y la esencia persiste, ejemplificada en la historia de Anna Sorokin, conocida como Anna Delvey, quien, al igual que el escudero, construye una identidad basada en la falsedad para encajar en una sociedad obsesionada con el estatus y la riqueza. La crónica de Pressler evidencia cómo, al igual que en el siglo XVI, las apariencias siguen siendo una moneda de cambio para la aceptación social, aunque eventualmente estas se desmoronen, dejando al descubierto la fragilidad de una vida construida sobre el engaño. Tanto el escudero como Anna terminan pagando un alto precio por su hipocresía, la pérdida total de aquello que intentaron proyectar.  

A través del análisis de Castiglione y Della Casa, podemos ver cómo la obsesión por la honra y el comportamiento cortesano conforman los ideales sociales que guían a personajes como el escudero y de cierta manera a Anna Sorokin. Ambos casos evidencian cómo las estructuras sociales, lejos de ser incorruptibles, fomentan la desconexión entre el ser y el parecer, perpetuando la hipocresía como un fenómeno universal y atemporal, que se manifiesta de forma concreta, según las circunstancias (políticas, económicas, sociales, etc.) de cada sociedad. 


Obras citad 

​â¶ċA²Ôó²Ծ±³¾´Ç. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades.​ ​Edición de Burgos, 1554.​ 

​​Castiglione, Baldassare. El cortesano​. Alianza Editorial, 2008. 

Della Casa, Giovanni. Galateo. Ediciones Cátedra, 2003. 

​​Granja Ibarreche, Xabier. “Towards an Enlightened Disilllusionment:​ ​Renaissance Moralistic Treatises and the Adulteration of Spanish Noble​ ​Values”. Dieciocho​: Hispanic enlightenment 44.2 (2021): 227-248. Dialnet, ​https://dieciocho.uvacreate.virginia.edu/44.2/2.Granja.44.2.pdf​. Accessed 25 Nov. 2024. 

La Santa Biblia. Versión Reina Valera Revisada 1960. Rev. Cipriano de Valera. Sociedades Bíblicas Unidas. 2016. Impreso. 

Pressler, Jessica. “Maybe She Had So Much Money She Just Lost Track of ​It”. New York Magazine​, The Cut. 2018. ​Updated. Feb. 8, 2022.​ https://www.thecut.com/​article/how-anna-delvey-tricked-new​-york.html. Accessed 24 Sept. 2024.  

Sabat ​de Rivers, Georgina. “La moral que Lázaro nos propone”. MLN, vol.​ ​95, no. 2, 1980, pp. 233​–51. JSTOR, https://doi.org/10.2307/2906614. Accessed 25 Sept. 2024. 

​​Wardropper, Bruce W. “El trastorno de la moral en el Lazarillo”. Nueva​ ​Revista de Filología Hispánica, vol. 15, no. 3/4, 1961, pp. 441–​​47​. JSTOR, ​http://www.jstor.org/stable/40297541. Accessed​ 25 Sept. 2024. 

​​Weiner, Jack. “Una incongruencia en el tercer tratado de ‘El lazarillo de​ ​Tormes’: Lázaro y el escudero en el río”. Romance Notes, vol. 12, no. 2,​ ​1971, pp. 419–21​. JSTOR, ​http://www.jstor.org/stable/43802455. Accessed​ 24 Sept. 2024. 

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Gustavo Solano y la literatura transnacional del exilio en la escritura hispana de los Estados Unidos /elcid/2026/08/gustavo-solano-y-la-literatura-transnacional-del-exilio-en-la-escritura-hispana-de-los-estados-unidos/ Mon, 17 Aug 2026 18:02:34 +0000 /elcid/?p=404 Pablo Enrique Martínez MejíaÌýDepartment of Hispanic Studies, University of HoustonÌý En esta investigación propongo una relectura crítica de la obra y vida del escritor, periodista, y diplomático salvadoreño Gustavo Solano Guzmán (1886-1955). Conocido bajo el seudónimo literario, el Conde Gris, Solano es una figura clave y poco estudiada del nacionalismo literario y del exilio político […]

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Pablo Enrique Martínez MejíaÌý
Department of Hispanic Studies, University of HoustonÌý

En esta investigación propongo una relectura crítica de la obra y vida del escritor, periodista, y diplomático salvadoreño Gustavo Solano Guzmán (1886-1955). Conocido bajo el seudónimo literario, el Conde Gris, Solano es una figura clave y poco estudiada del nacionalismo literario y del exilio político centroamericano, mexicano y estadounidense en las primeras décadas del siglo XX. Su producción cultural se movió entre El Salvador, Guatemala, México, los Estados Unidos y Europa. Su vida estuvo marcada por la persecución política, la censura y la desterritorialización. A través del análisis de una de sus principales obras sobre la contranarrativa de la revolución, México glorioso y trágico (1928), argumento que desde el exilio, Solano construye un proyecto literario ético-político que articula la crítica hacia el autoritarismo, la nostalgia patriótica y la resistencia militante como pilares de una concepción transnacional de la nación.Ìý


En la historia de la literatura hispana de los Estados Unidos a inicios del siglo XX, se presenta una constelación de intelectuales que convierten la palabra escrita a un arma de denuncia, memoria y resistencia. Entre ellos, Gustavo ocupa un lugar singular. Conocido por su teatro satírico y espíritu rebelde, Solano denunció frontalmente al poder autoritario en varias de sus obras donde expuso los crímenes y abusos de dictadores como el mexicano Porfirio Díaz y el guatemalteco Manuel Estrada Cabrera. Estos actos de valentía le valieron encarcelamiento, censura y exilio, así como otros que lo declararon persona non grata en varios países. Lejos de ser silenciado, la persecución afiló su pluma y multiplicó sus registros del teatro político, el periodismo militante y la autobiografía. 

Frente a lecturas que privilegian el carácter masculino, épico y revolucionario de su obra, el nacionalismo de Solano se articula sobre una matriz simbólica que funda el sentimiento patriótico—la nostalgia del exilio y la legitimidad moral de la militancia en la figura femenina. A partir de una observación profunda de sus obras mejor relacionadas con la revolución, demuestro que la mujer aparece en su obra como madre, amada, virgen y patria. Esta protagonista configura una constelación simbólica que convierte la nación en un objeto de amor y nostalgia. México glorioso y trágico busca desenmascarar el autoritarismo porfiriano, denunciar la violencia del Estado y proponer una política de verdad y conciencia crítica. Desde los Estados Unidos, Solano encarna la imagen del intelectual orgánico con el fusil en una mano y la pluma en la otra—dos actos de resistencia que son inseparables en su obra. Para Solano, la escritura no es solo representación, sino acto de resistencia, justicia y cronología. 

Gustavo Solano nació en San Salvador, El Salvador, en 1886. Desde una edad temprana mostró inclinaciones literarias y periodísticas que lo llevarían a recorrer el continente americano en una trayectoria marcada tanto por la vocación intelectual como por el compromiso político. Como autodidacta, Solano se formó en la práctica periodística y en la lectura voraz de las corrientes literarias y filosóficas de su época. Su pensamiento dialoga con el modernismo dariano hasta el pensamiento militarista y el socialismo utópico. Durante el período de la segunda mitad de la década de 1910, participó directamente en el proceso revolucionario como propagandista. En 1916 fue encarcelado en la penitenciaria de la Ciudad de México—hecho que dejó una huella profunda en su poesía a raíz de sus actividades políticas y escritos contra el gobierno. En sus propias palabras, fue “recluido por venganzas personales del Ldo. Jesús Acuña, hotentote pasional, exministro de relaciones” (Composiciones 139). Lejos de aceptar la condena como derrota moral, Solano declaró que su propia conciencia era el juez que lo absolvía. En 1924 fue acusado de tráfico de armas, acusación que los archivos del Ministerio de relaciones Exteriores de México registran (Kanellos 55). Por lo tanto, considero que el perfil de Solano es, en sí mismo, un texto político: la vida como acto de resistencia, el exilio como condición permanente y la escritura como única patria estable. Su figura anticipa lo que Sophia McClennen ha descrito como el intelectual exiliado que, despojado del pasado y del presente de su nación, descubre que tiene más en común con otras culturas y naciones distintas: el transnacionalismo (46-47). 

Para analizar la obra de Gustavo Solano desde una perspectiva que capture su complejidad política, histórica y estética, es necesario articular un marco teórico que dialogue con las principales categorías en juego: el exilio, la nación, la militancia literaria y la figura del intelectual comprometido. La primera pregunta que estructura este análisis es también la más fundamental: ¿qué es el exilio? La palabra evoca algo que ocurre en el pasado o en geografías remotas. Para quienes lo han vivido en carne propia, sin embargo, el exilio es una experiencia ontológica que redefine la relación del sujeto con el tiempo, el espacio y la identidad. En términos simbólicos, puede trazar su historia y los relatos bíblicos: la expulsión del Edén como metáfora fundacional de la separación del paraíso original, del hogar perdido e irrecuperable. Esta imagen—el paraíso perdido contemplado desde afuera, como el hijo de Adán y Eva que observa el jardín sin poder entrar—recorre la literatura del exilio con una persistencia que Solano también hace suya. 

Kate Averis define el exilio como “a state of exclusion from an original home, which may be geographical, cultural, political, or linguistic, and which produces in the exiled subject a fundamental sense of loss and displacement” (3). Esta condición de exclusión produce lo que la crítica llama el destiempo: la experiencia de vivir fuera de la historia de la propia nación, en un tiempo suspendido que no es ni el del país abandonado ni el del país receptor. En el plano conceptual, el exilio se distingue de la migración. Mientras el migrante elige—o al menos negocia—su desplazamiento en función de expectativas económicas o sociales, el exiliado es expulsado, forzado a abandonar la patria por razones políticas y carga con esa expulsión como una herida que no cicatriza. 

Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo, ofrece una reflexión fundamental sobre la condición del apátrida y el exiliado en el contexto moderno. Para Arendt, la pérdida de la ciudadanía y de la pertenencia nacional equivale a la pérdida del derecho a tener derechos—el exiliado queda fuera del orden jurídico y político que garantiza la humanidad plena del sujeto (296-298). Esta condición de exclusión radical resuena con fuerza en la trayectoria de Solano. Declarado persona non grata, encarcelado, acusado de traición y tráfico de armas, el escritor salvadoreño experimenta en su propia vida esa privación de los derechos que Arendt identifica como el núcleo del autoritarismo moderno. McClennen, por su parte, subraya dos actitudes fundamentales ante el exilio desde la perspectiva del escritor. La primera es la que percibe el exilio como una condición paralizante, una fuente de frustración que dificulta e incluso inhabilita la escritura; la segunda es la que convierte el alejamiento en una liberación, un espacio sin trabas desde el cual es posible escribir con mayor libertad y audacia (64-65). Solano habita ambas posibilidades. Su obra registra tanto el dolor y la amargura del destierro como la energía creativa que libera la distancia. 

En Comunidades Imaginadas, Benedict Anderson propuso la definición más influyente de la nación en el pensamiento contemporáneo: la nación es una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana (23). Lo crucial de este concepto es el énfasis en la dimensión simbólica y narrativa de la nación. Esta no existe como entidad natural o étnica; es una construcción cultural que depende de relatos compartidos, de una memoria colectiva activamente producida y reproducida. Para Anderson, la prensa, la novela y el teatro son los medios privilegiados de esta producción narrativa de la nación. En el caso de Solano, que fue a la vez periodista, dramaturgo y poeta, esta intersección de medios resulta especialmente significativa.  

Homi Bhabha complejiza y desestabiliza la noción sobre la nación al introducir el concepto del tercer espacio, en El lugar de la cultura. Este es un espacio de enunciación híbrido en el que las identidades nacionales y culturales se negocian, se contradicen y se transforman (58-59). Para Bhabha, el exiliado que ha perdido su patria y tampoco pertenece plenamente a México, habita ese tercer espacio—ni aquí ni allá, ni dentro ni fuera. Es el espacio de los no reconocidos, de quienes no tienen patria asignada y cuya existencia desequilibra el concepto mismo de la nación, el estado y la ciudadanía (218-219). Este desapego nacional implica negar, o al menos suspender, la identidad nacional en su forma convencional. Lo único que el exiliado retiene es el idioma, que se convierte en parte de la verdadera patria. Solano experimenta esta condición liminal de manera aguda.  

Aunque no se ocupa directamente del exilio, Michel Foucault, ofrece herramientas indispensables para analizar la relación entre escritura, poder y resistencia. Su noción del discurso como práctica que produce y regula la realidad social—desarrollada en obras como El orden del discurso (1970) y Vigilar y castigar (1975)—permite comprender la literatura de Solano no solo como expresión subjetiva del dolor personal, sino como intervención en las estructuras de poder. De esta manera, México glorioso y trágico es una práctica discursiva que resiste los mecanismos de abuso del porfirismo. La censura, el encarcelamiento y la declaración de persona non grata son formas del poder disciplinario que el escritor enfrenta produciendo contrarrelatos. Estas son versiones alternativas de la historia que el régimen busca suprimir (Vigilar 165). En México glorioso y trágico, Solano se esfuerza por recuperar esa voz, por testimoniar desde una posición de vulnerabilidad sin asumir la postura de la víctima pasiva. 

Antonio Gramsci desarrolló el concepto del intelectual orgánico. Este surge de una clase social determinada y trabaja activamente para articular, difundir y defender los intereses de esa clase en el campo cultural e ideológico (9-10). A diferencia del intelectual tradicional, que se presenta como autónomo y desvinculado de los intereses de la clase, el intelectual orgánico reconoce su posición y la convierte en el fundamento de su praxis. En el contexto de la escritura hispana de los Estados Unidos, varios escritores—entre ellos Solano, también los hermanos Flores Magón, las hermanas Villarreal y Blanca de Moncaleano—funcionan como intelectuales orgánicos de la clase trabajadora. Su escritura no es un ornamento cultural, sino una praxis política entrelazada con la lucha social.  

En «¿Qué es la literatura?», Jean-Paul Sartre formuló el concepto de la littérature engagée o literatura comprometida según el cual el escritor no puede ser pasivo. Debe asumir una responsabilidad ética y política sobre su tiempo, utilizando su obra como una herramienta para la transformación social (12-15). Para Sartre, el escritor comprometido es, ante todo, un agente de transmisión de una forma de pensar, de una ideología o de una manera de organizar el mundo. La literatura militante busca defender causas fundamentales como la equidad, la libertad, la justicia y los derechos humanos. Aborda estas problemáticas con urgencia y sus palabras tienen consecuencias materiales. Esta definición se aplica a Solano, cuya obra atraviesa distintos géneros y registros precisamente porque la urgencia de su compromiso político excede los límites de cualquier forma literaria individual. Para Solano, la escritura no responde únicamente a una búsqueda estética, sino a una necesidad histórica de denuncia, intervención y memoria. 

En la obra de Solano, la literatura popular se convierte en una forma de memoria insurgente que legitima la rebelión y construye modelos de heroísmo. La afirmación de la identidad colectiva mediante la narración oral responde a lo que Anderson denomina el proceso de imaginación de la comunidad nacional (67-68). Por su participación en la Revolución Mexicana y como figura transnacional, su obra supera esos límites geográficos para cumplir el propósito político de sus comunicados. De acuerdo con Foucault, estas proclamas constituyen contrarrelatos que desafían la narrativa hegemónica del estado; produciendo un discurso alternativo desde los márgenes de poder (El orden 25).  

Desde el pensamiento de Gramsci, como reflejo de la clase obrera, México glorioso y trágico también incluye a los campesinos desde una clase que maquina y produce simultáneamente (15-17). Aquí, la militancia no es metáfora; es una praxis en la que la acción colectiva se vuelve central. Este es un método que emplea Solano en esta obra de teatro. Solano transforma la literatura y el periodismo en un dispositivo transnacional que circula ideas, convoca al pueblo y produce solidaridad. Sus discursos militantes se divulgan a través de manifiestos que acompañan el movimiento armado y lo sostienen ideológicamente. Por esencia, Solano está comprometido con esta labor multifacética: denunciar la opresión, movilizar a sus lectores y transformar la escritura en un instrumento de guerra.  

Publicada en Los Ángeles en 1928 bajo el sello editorial del propio Solano y con el respaldo de su trabajo en el Heraldo de México, México glorioso y trágico es la obra en la que Solano aborda de manera más sistemática el proceso histórico de la Revolución Mexicana. El texto, clasificado por el mismo periódico en 1926 como una obra de tendencias socialistas, detalla las batallas, traiciones y luchas políticas ocurridas entre 1910 y 1920. Este es un período crucial en la historia de México con figuras centrales como Francisco Madero, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Pancho Villa y Álvaro Obregón.  

Como en la gran mayoría de sus trabajos, la obra es un testimonio del compromiso de Solano con la preservación de la memoria histórica de los hispanos en los Estados Unidos. Producida en el contexto de la diáspora mexicana en Los Ángeles, México glorioso y trágico cumple una función análoga a la que Anderson atribuye a la novela nacional: produce una narrativa compartida que permite a la comunidad dispersa imaginarse como unidad coherente con una historia y un destino comunes (30-36). La personificación de la patria como personaje central actúa como brújula moral y voz de la razón—instándo a los líderes a actuar en beneficio de la nación antes que sus propias ambiciones.  

La crítica a la influencia clerical, el fanatismo religioso y la oposición de la iglesia a los ideales revolucionarios—encarnados en el personaje Juan Escapulario, manipulado por la iglesia hasta cometer asesinatos en nombre de la religión—sitúa la obra en la tradición del anticlericalismo liberal. El rechazo de toda autoridad impuesta, incluyendo la religiosa, es uno de los pilares del pensamiento antiestático y anticlerical que define la praxis literaria de Solano. Al mismo tiempo, la obra enfatiza la importancia de las libertades civiles, la democracia y el anticlericalismo como condiciones indispensables para la construcción de una nación absuelta de los pecados de la iglesia.  

Las reflexiones sobre el patriotismo, el sacrificio y el heroísmo en tiempos de crisis que recorren México glorioso y trágico se articulan en torno a la pregunta que Solano hereda de la tradición de exilio hispano: ¿qué se le debe a la patria y cómo se le sirve mejor, desde adentro o desde afuera? La respuesta parece ser de ambas formas. McClennen indica que los autores exiliados en el cosmopolitismo del café bohemio descubren frecuentemente que tienen más en común con otras naciones distintas que con los compatriotas que permanecieron en casa, produciendo así un internacionalismo que no cancela sino que transforma el nacionalismo originario (48-50). Solano abraza esta tensión de manera ejemplar. Su amor por México, por Guatemala, por El Salvador y por América Latina es el del exilio que construye la patria desde afuera, que la define y la defiende por ser parte de su visión transnacionalista.  

A lo largo del análisis de esta obra principal de Solano, he podido observar la persistencia simbólica que organiza su concepto de la nación: la identificación entre mujer y patria, amor romántico y amor patriótico, paraíso perdido y tierra desamparada. Esta caracterización es el fundamento simbólico sobre el cual Solano construye su discurso de una nación pura y celestial. Una de las configuraciones sobre la nación la renueva desde el imaginario bíblico del huerto del Edén para situarla en el espacio mítico del Monte Olimpo.  

Al leer la obra de Solano a través del concepto de la comunidad imaginada de Anderson, encontramos una nación que se construye entre las tradiciones grecorromanas y la experiencia compartida entre los Estados Unidos, México y Centroamérica (Anderson 23). Sin embargo, esta comunidad no es únicamente cultural o geográfica; para Solano, solo puede existir sobre una tierra depurada de pecadores y traidores, a quienes vincula simbólicamente con la figura de Judas. A esto se suma otra dimensión reveladora: su visión de una nación idílica anclada en lo teológico. Partiendo de una premisa humanista según la cual ha caído de la gracia divina, Solano construye una alegoría en la que la patria actúa como diosa, el pueblo como su hijo y la nación como el espíritu que los une. Desde esa ideología trinitaria, purificar el país de todo mal e iniquidad no es solo una aspiración política, sino una misión sagrada.  

Esta dimensión afectiva de la nación conecta México glorioso y trágico con la metáfora del paraíso perdido que recorre la literatura del exilio. El jardín del Edén del que Adán y Eva fueron expulsados es el episodio que el exiliado experimenta. El hogar del que fue arrancado por la violencia del poder es al que no puede regresar y al que no puede olvidar. Homi Bhabha abre “DissemiNation” desde la experiencia compartida del destierro de la siguiente manera:  

I have lived that moment of the scattering of the people that in other times and in other  

places, in the nations of others, becomes a time of gathering. Gatherings of exiles and  

émigrés and refugees, gathering on the edge of foreign cultures; gathering at the frontiers;  

gatherings in the ghettos or cafes of city centres; gathering in the half-life, half-light of  

foreign tongues, or in the uncanny influence of another’s language… (291). 

Aquí la nostalgia del paraíso no es solo una emoción personal sino una postura política. Decir que la patria era un paraíso antes que el tirano la corrompiera es en sí una forma de resistencia y un acto de memoria que niega la legitimidad del orden del presente. Solano utiliza este argumento en México glorioso y trágico con plena conciencia de su potencia política. Recuperar este paraíso edénico donde dejó una nación inspirada en la figura materna y el pueblo como sus hijos es el proyecto que vigoriza esta obra.  

La agonía del destierro y del insulto a su persona e identidad lleva a Solano a utilizar su poder creativo para plantear las consecuencias de los hechos que testificó. México glorioso y trágico nos presenta una lista de quejas y eventos, de injusticias padecidas y crímenes presenciados. Empero, la forma de presentar esos hechos dentro de su contexto artístico le confiere el impacto que la simple crónica periodística no alcanzaría. Esta obra revolucionaria opera, en el sentido que Bhabha expresa como una contra narrativa: “Counter-narratives of the nation that continually evoke and erase its totalizing boundaries—both actual and conceptual—disturb those ideological manoeuvres through which ‘imagined communities’ are given essentialist identities” (DissemiNation 300). El odio y la muerte son los enemigos de la nación que Solano nombra y combate con cada página; el amor y la memoria son las armas con las que los enfrenta.  

Lo que separa a Solano de sus contemporáneos más conocidos es su condición de figura liminal. Es centroamericano, es mexicano, pero se inscribe sobre todo en el contexto estadounidense. Habita estos espacios simultáneamente y produce una obra que puede ser apropiada por cualquiera de estas tradiciones nacionales. En lo que concierne al lugar de la cultura para Bhabha, Solano es el habitante de un tercer espacio. Su identidad cultural es diversa. Este multiculturalismo le permite ver las estructuras de poder que pretenden fijar las identidades nacionales (54-55). Su transnacionalismo no es la negación de una sola nación, sino una transición hacia el norte. Por consiguiente, la nación no es un territorio cerrado, sino un espacio sin fronteras, conformado por comunidades arraigadas en los mismos valores. Dios, unión y libertad, lema de Solano, trasciende los límites fronterizos y quien promueve en México glorioso y trágico.  

Para concluir, he intentado demostrar que la obra contranarrativa y militante de Gustavo Solano, el Conde Gris, merece una reconsideración que la instale en su lugar correspondiente dentro de la tradición literaria hispana de los Estados Unidos. México glorioso y trágico aborda no solo el sufrimiento, la angustia, la nostalgia, el destiempo y la desterritorialización del exilio, sino una crítica audaz al régimen opresor porfirista. El contenido de esta obra es invaluable para quienes quieran analizarla y disfrutarla. Solano utiliza los espacios y la prensa para hacer un llamado patriótico, de lucha, armas y libertad para deshacerse de los malos gobernantes de la patria. En Recovering the U.S. Hispanic Literary Heritage, Gabriela Baeza afirma que “The contact zones that were generated via the newspaper formulated a decolonized ‘third space’… many also disclose the violence and displacement that is often present in the words within a colonial atmosphere” (vii-viii). De esta forma, Solano descoloniza el paraíso edénico en la obra presentada en este estudio. Con el cañón de la pluma renueva la nación en la figura materna y en el pueblo de hijos. Como parte de una tradición que no ha muerto y que sigue evolucionando, Solano nos recuerda que la escritura es un acto político de resistencia ante la hegemonía y el patriarcado. México glorioso y trágico es una declaración de sus convicciones, de lo que ama y de lo que está dispuesto a morir. 


µþ¾±²ú±ô¾±´Dzµ°ù²¹´Úí²¹Ìý

Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y difusión delÌýÌýnacionalismo. Traducido por Eduardo L. Suárez, Fondo de Cultura Económica, 1993.ÌýÌý

Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Traducido por Guillermo Solana, Taurus, 1998 

Averis, Kate. Exile and Nomadism in French and Hispanic Women’s Writing. Legenda, 2014. 

Bhabha, Homi K. “DissemiNation: Time, Narrative, and the Margins of the Modern Nation.” En Nation y Narration, editado por Homi K. Bhabha, Routledge, 1990, pp. 291-322.Ìý

—. El lugar de la cultura. Traducido por César Aira, Manantial, 2002. 

Foucault, Michel. El orden del discurso. Traducido por Alberto González Troyano, Tusquets,ÌýÌý1999.Ìý

—. Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Traducido por Aurelio Garzón del Camino,ÌýÌýSiglo XXI, 2003.Ìý

Gramsci, Antonio. Los intelectuales y la organización de la cultura. Traducido por RaúlÌýÌýSciarreta, Nueva Visión, 1984.Ìý

Kanellos, Nicolás. A History of Hispanic Theater in the United States: Origins to 1940.ÌýÌýU of Texas P, 1990.Ìý

Lomas, Clara y Gabriela Baeza Ventura. Introduction. Recovering the U.S. Hispanic LiteraryÌýÌýHeritage, Volume VIII, editado por Clara Lomas y Gabriela Baeza Ventura, Arte Público Press, 2011, pp. vii-xii.Ìý

McClennen, Sophia A. The Dialectics of Exile. Purdue UP, 2004. 

Sartre, Jean-Paul. ¿Qué es la literatura? Traducido por Aurora Bernárdez, Losada, 1950.  

Solano, Gustavo. Composiciones escogidas. Talleres Artes Gráficas Cruz Gálvez, 1923. 

—. México glorioso y trágico. El Heraldo de México, 1928.  

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​​La subalternidad del inmigrante indocumentado hispano en los Estados Unidos​Ìý /elcid/2026/08/la-subalternidad-del-inmigrante-indocumentado-hispano-en-los-estados-unidos/ Mon, 17 Aug 2026 17:19:08 +0000 /elcid/?p=402 ​​Keiran Singh​ University of Miami I.  ±õ²Գٰù´ǻå³ܳ¦³¦¾±ó²Ô  El concepto del subalterno está bien establecido en el discurso sociopolítico contemporáneo, donde se ha iniciado un movimiento global en torno a distintas poblaciones subalternas. Por supuesto, ha traído consigo inmensas preguntas económicas, políticas y epistémicas, cuestiones que deben ser entendidas antes de ser resueltas. Acuñado en los años […]

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​​Keiran Singh​ 
University of Miami

I.  ±õ²Գٰù´ǻå³ܳ¦³¦¾±ó²Ô 

El concepto del subalterno está bien establecido en el discurso sociopolítico contemporáneo, donde se ha iniciado un movimiento global en torno a distintas poblaciones subalternas. Por supuesto, ha traído consigo inmensas preguntas económicas, políticas y epistémicas, cuestiones que deben ser entendidas antes de ser resueltas. Acuñado en los años treinta por el filósofo y pensador marxista italiano, Antonio Gramsci, en sus cuadernos de prisión, el subalterno es el grupo “sujeto a las iniciativas de la clase dominante” en un sentido político y, más importante, económico (207). En resumen, Gramsci explica que el grupo subalterno es excluido de la propiedad significativa de los medios de producción en su sociedad respectiva. Por eso, el subalterno es coaccionado sutilmente a un sistema de represión económica negociada, mantenido institucionalmente por la hegemonía de la clase dominante. 

Posteriormente, pensadores y académicos como Ranajit Guha, Partha Chatterjee, Dipesh Chakrabarty y Gayatri Chakravorty Spivak formaron en el año 1979 el grupo “Subaltern Studies”, generando un nuevo campo académico basado en estos grupos históricamente reprimidos (Chowdhury, 1). Mientras que Gramsci se enfocó en los mecanismos económicos impuestos sobre la clase subalterna y el significado de sus efectos, los pensadores del grupo de los estudios subalternos, especialmente Spivak, los examinaron desde una perspectiva tanto epistémica como discursiva. Spivak, en particular, destaca el papel del poder colonial, sistémico e imperial en la formación de un subalterno que es excluido no solo del mundo político y económico, sino también de las fundaciones epistémicas que establecieron la sociedad moderna. En breve, Spivak—y, en general, los pensadores contemporáneos—define al subalterno como un grupo marginado que no tiene ninguna agencia, presencia, forma, voz o reconocimiento de manera que borra incluso sus experiencias subjetivas hasta desaparecer finalmente del discurso dominante. Es pertinente comprender esta corriente histórica e intelectual del concepto para analizar fenómenos contemporáneos de subalternidad, especialmente en contextos donde ciertos grupos marginados en los Estados Unidos continúan enfrentando formas estructurales de silenciamiento. Antes del análisis de estas circunstancias, sin embargo, se debe elucidar el aspecto más crítico de la subalternidad, es decir, la cuestión paradójica en el mismo corazón de la pregunta subalterna, planteada por el ensayo de Spivak titulado “Can the Subaltern Speak?” (1988).  

En este famoso ensayo, Spivak sostiene que la mujer colonizada en India experimenta una invisibilidad interseccional y un borramiento epistémico a manos de estructuras de poder tanto coloniales como patriarcales, por las cuales ella es excluida de tener autonomía, exponiéndola a una sociedad necropolítica.1 Sin embargo, la complejidad del ensayo—y la posición subalterna—surge de la paradoja teórica spivakiana, es decir, que la única forma de representación del subalterno es a través de los medios del grupo dominante—como el arte, el lenguaje, la literatura, etc.—que los silencia aún más, reforzando la posición subalterna. Es un ciclo de represión constitutiva en que cada intento de destacar su opresión resulta en la antítesis: la violencia epistémica. De hecho, el mismo acto de hablar sobre el subalterno desde una perspectiva no subalterna fortalece la ideología represiva del discurso hegemónico, lo que invalida directamente el valor de las vidas de la población subalterna. Sin embargo, finalmente, es importante tener en cuenta que estos ejercicios teóricos tienen resultados tanto concretos como vividos en el mundo contemporáneo. Es precisamente este giro teórico el que permite comprender con mayor claridad las formas contemporáneas de subalternidad en el contexto estadounidense.  

Por lo tanto, para entender mejor los impactos incomparables de la paradoja de si el subalterno puede hablar—y en términos modernos, además—este ensayo analizará un grupo particular de la clase subalterna estadounidense para subrayar los retos institucionales, la violencia epistémica y el reforzamiento del ciclo de opresión que dicha clase enfrenta y debe superar. Y para empezar el examen de este grupo subalterno en los Estados Unidos es necesario definir con qué términos tratará este ensayo con relación a las diferentes definiciones de la clase subalterna. Dicha clase en los Estados Unidos abordada en este ensayo comprende una combinación de las definiciones ya mencionadas y hará referencia a un grupo que es explotado por su labor, que es marginado políticamente por el aparato estatal, que no tiene ninguna representación en el mundo del discurso dominante y cuya imagen es tergiversada cuando acaso se representa: los inmigrantes indocumentados. Específicamente, los inmigrantes indocumentados hispanos2.Ìý

II. Homogeneización hispana 

Para comenzar este análisis sobre la posición subalterna del inmigrante indocumentado hispano en los Estados Unidos, se debe elaborar la historia de la palabra “hispano” en el país. Según D’Vera Cohn del Pew Research Center, “The first major attempt to estimate the size of the Hispanic population for the entire nation was in the 1970 Census”. Esto marcó un punto esencial en la historia hispana en los Estados Unidos porque la palabra entró en el discurso estadounidense, estableciendo una categoría no solo en el campo de las estadísticas de población, sino también una distinción de otros grupos culturales en el imaginario social3 en los Estados Unidos. Ambos resultados son importantes: el primero recuerda a lo que Michel Foucault llamó biopolítica4, y el último representa un cambio epistemológico en la percepción estadounidense del paisaje cultural del país. Eso significa que, antes de este censo de 1970, el público estadounidense no tenía una manera legítima de hablar, pensar o incluso reconocer a las personas que más tarde se identificaron como hispanos en 1970. Esencialmente, la entidad hispana no existió en la mente estadounidense, así que la fundación de su categoría se basaba en la subalternidad de las generaciones anteriores.  

Además, las raíces subalternas de la palabra “hispano” son más profundas cuando se considera qué grupos forman la identidad hispana según las autoridades estadounidenses. Específicamente, “The Office of Management and Budget (OMB) defines “Hispanic or Latino” as a person of Cuban, Mexican, Puerto Rican, South or Central American or other Spanish culture” (U.S. Census Bureau). Así, la categoría de hispano en los Estados Unidos es, en realidad, una conglomeración de identidades agrupadas bajo una etiqueta. Esto es una homogeneización de la multitud de las culturas, los lenguajes, los rituales y las normas que caen bajo esta clasificación. Las diferencias entre los grupos dentro de la denominación “hispano” son ignoradas y borradas como parte de un proyecto hegemónico que los clasifica como un solo cuerpo. Como resultado, las personas pierden su individualidad, es decir, su humanidad. De hecho y de acuerdo con Spivak, “there are people whose consciousness we cannot grasp if we close off our benevolence by constructing a homogeneous other” (288). 

En el caso del inmigrante indocumentado hispano, hay dos aspectos de esta otredad5 homogénea propuesta por la ideología hegemónica que deben ser elucidados. Primero, el Otro—en un sentido sociocultural—debe mantenerse firme en una especie de oposición epistémica a un grupo normativo y, de hecho, el grupo hispano existe epistémicamente en contraste con los anglos (los americanos blancos de los Estados Unidos), un grupo que históricamente ha propagado la dominación cultural—una forma de imperialismo cultural. Tal como está, si se examinara la raíz de la palabra “hispano”, se encontraría la palabra “Hispania”—originaria del latín, dada por el Imperio Romano al territorio de la Península Ibérica, cientos de años antes del establecimiento del estado-nación de España—funcionando como un exónimo para la región entera, un título dado que no es suyo propio. Por lo tanto, por su mismo origen, la identidad hispana no solo es una homogeneización de la Península Ibérica y sus poblaciones, sino que también es una categoría del Otro impuesta por un poder imperial. Como resultado, puesto que la palabra se refiere geográficamente e ideológicamente a la Península Ibérica, la identidad hispana se centra en España como la identidad principal y en el español como el idioma principal, borrando grupos no españoles, como aquellos del Caribe o los pueblos indígenas. Insistir en esta lógica, cuando el gobierno estadounidense homogeneiza la totalidad de las identidades hispanas como originarias de la Península Ibérica, anula e invalida las experiencias de las personas que no tienen ninguna afiliación con la región fuera del exónimo colonial impuesto sobre ellos. En los Estados Unidos, el hispano es el Otro en relación con el americano blanco y sus sistemas de poder, pero no es solamente esta identidad la que contribuye a su subalternidad. 

La segunda función de la homogeneización y la otredad del inmigrante indocumentado hispano en los Estados Unidos, la cual aumenta su subalternidad en un sentido tanto político como discursivo, es la misma falta de documentación. Como un concepto fundamental en la creación de un estado-nación (Torpey, 10-17), la asignación de ciudadanía a un grupo distinto de “nativos” ha sido una práctica común a través de la historia. Sin embargo, el nivel y la magnitud de documentación global fueron estandarizados en gran medida en el año 1920, cuando la Liga de Naciones—reforzada por poderes occidentales como los Estados Unidos y Gran Bretaña—implementó las primeras regulaciones universales alrededor de pasaportes y documentos de estatus legal6. En efecto, estas regulaciones constituyen una consecuencia tangible del proyecto hegemónico de homogeneización: los poderes occidentales interpelan a aquellos a quienes desean identificar como pertenecientes a su estado-nación como sujetos legibles7. Para la metodología anglosajona, la documentación se convierte en un modo de regulación legislativa que valida la exclusión. Por lo tanto, en los Estados Unidos, una persona sin documentación no tiene reconocimiento legal; así, los inmigrantes indocumentados hispanos no están presentes en el espacio de gobernanza estadounidense. No tienen agencia ni autonomía formal. Son excluidos de la libertad estadounidense que supuestamente es la base de la fundación del país, aun cuando contribuyen tremendamente a su fuerza laboral. De hecho, aproximadamente 6 millones de trabajadores no autorizados, casi el 5% de la fuerza laboral estadounidense, son hispanos. Estos trabajadores tienen mayor probabilidad de trabajar en condiciones precarias en sectores base para la economía estadounidense—como la agricultura, la construcción y la fabricación—mientras que reciben salarios inferiores en comparación con los de sus contrapartes documentadas (Oficina de las Estadísticas Laborales, 2024). El concepto occidental homogeneizador de la legalidad no es, entonces, simplemente una herramienta para silenciar la autosoberanía hispana, sino también una herramienta que permite la explotación de su mano de obra. Estas consecuencias subrayan lo que constituye una relación dialéctica de necesidad y negación: la producción estatal de ilegalidad permite la explotación laboral y, a su vez, esta explotación laboral reproduce y profundiza la ilegalidad. Son excluidos discursivamente y devaluados socialmente, pero indispensables estructuralmente para la economía nacional de los Estados Unidos.  

Para fortalecer aún más el análisis de la homogeneización del inmigrante indocumentado hispano y sus impactos en la posición subalterna que ocupa, se debe destacar el rol de la racialización8 en la percepción estadounidense de la inmigración. Es decir, a pesar del hecho de que millones de migrantes indocumentados en los Estados Unidos son originarios de Asia9, los términos “inmigrante ilegal” o “inmigrante indocumentado” han sido resemantizados discursivamente para referirse a un sujeto hispano. Esencialmente, debido a la homogeneización de la diversidad étnica bajo las denominaciones “hispano” o “latinx”, el discurso tanto popular10 como político11 en torno a la inmigración se enfoca desproporcionadamente en el inmigrante indocumentado hispano. El resultado es una fusión epistémica que conecta las identidades raciales hispanas con la noción occidental de ilegalidad. También es importante tener en cuenta que la racialización es construida socialmente. Así, este giro discursivo cambia y manipula la opinión pública para asociar a todos los hispanos con la carga negativa atribuida a la inmigración. Como resultado, lo que existe en el imaginario estadounidense es una representación racializada de la inmigración como intrínsecamente hispana. A su vez, los inmigrantes en sí mismos son presentados como subordinados dentro de la jerarquía social. Si a ello se suma la falta de agencia política, se revela la subalternidad reproducida del inmigrante indocumentado hispano. Son Otros, son ilegales, son peligrosos, son criminales, son marcados como distintos y, sobre todo, como ajenos—pero nunca se les concede la posibilidad de ser humanos. 

III. Heteronormatividad, hipermasculinidad y machismo como herramientas hegemónicas 

Aunque la homogeneización tiene un gran impacto en la posición subalterna del inmigrante indocumentado hispano, hay un fenómeno específico a la cultura hispana que perpetúa la subalternidad de su propio grupo y es usado por el bloque hegemónico estadounidense para reproducir su posición marginada: el concepto del machismo12. Como este ensayo se enfoca en el caso concreto de los Estados Unidos, será importante trazar la historia del machismo a través de discurso estadounidense en torno a este término, es decir, la aplicación del concepto en relación con los hispanos para producir una categoría constitutiva y distinta.  

A este respecto, el académico Benjamin Arthur Cowan escribe, “Anglophone use of machismo first emerged in the work of researchers bent on answering questions about Latin American… reproduction and families…[in] the 1950s and 1960s”. Nótese que no hay ninguna coincidencia sobre la época en la que el machismo se convirtió en parte del discurso estadounidense—desde que es la misma época que inmigración hispana surge como tema controvertido. Pero hay otro factor también: “Framed by the Cold War, machismo served as a way of talking about fears of susceptibility to Communism in Latin America… [it] became shorthand for anxieties about young people, race, radicalism, and security on the home front” (Cowan)13. Así, el machismo se originó en los Estados Unidos como un término vinculado discursivamente con la retórica política negativa dirigida hacia los comunistas y los extranjeros. La connotación hiperpatriarcal adscrita al machismo por el discurso académico estadounidense sirvió como una distinción inventada de las normas occidentales, una categoría por medio de la cual los americanos pudieron criticar al hispano desde una posición de distancia y superioridad. En efecto, fue usado como una exoticización de la masculinidad étnica en relación con los hispanos—específicamente los conquistadores y los colonizadores (los “machos”)—enfatizando descripciones heteronormativas14 de roles de género para segregar a los hispanos como Otros.  

Lo que existe, entonces, es una popularización y generalización de una visión de la masculinidad hispana para representar una forma de hipermasculinidad inherente o intrínseca. Esto responde a una especie de orientalismo15 por el cual los hombres hispanos son simplificados y tergiversados por parte de una producción cultural dominante. En esencia, la norma cultural para los hombres hispanos en los Estados Unidos es avenirse a esta noción impuesta de masculinidad que, a su vez, automáticamente los etiqueta como incompatibles socialmente o fundamentalmente diferentes de sus contrapartes americanas blancas.  

Como resultado, la subalternidad del grupo hispano es aumentada aún más de dos maneras: (1) los hombres que no comportan de esta manera no son reconocidos como hombres por los estándares heteronormativos, silenciándolos discursivamente. Así, la única voz disponible para los hombres hispanos se convierte en la de la hipermasculinidad, la cual propaga la idea de que los hombres hispanos son una amenaza a la moralidad estadounidense y por la cual se justifica la vigilancia policial y la deportación, (2) refuerza las normas patriarcales, aplanando las narrativas sobre las mujeres y las personas no binarias—esto constituye un ejemplo clásico de la violencia epistémica en términos spivakianos. Sus subjetividades son reemplazadas y encubiertas por una narrativa estadounidense que inhibe sus autorrepresentaciones. Así, el machismo y su borrador hipermasculino son usados en los Estados Unidos no solo como una herramienta para imponer comportamientos socialmente deseables a los hombres hispanos, sino también como una herramienta para profundizar la subalternidad de aquellos cuyas voces ya están excluidas.  

Otro punto que es relevante también para una conversación contemporánea sobre el machismo en los Estados Unidos es la percepción internalizada de los hispanos en el país. Es decir, en 2024, el 25% de los hispanos que reconocen el concepto del machismo lo asociaron con “the belief that men are superior to women” (Im et al.). Por lo tanto, el machismo no solo es un estereotipo impuesto fuera del grupo hispano, sino que también está centrado en la comunidad misma. Como resultado, se justifica la etiqueta de la hipermasculinidad hispana y, por esta etiqueta sensacionalizada, se justifica la exclusión de los hispanos de la identidad estadounidense. Además, para el inmigrante indocumentado hispano cuya labor es explotada, esta manera de pensar sobre el machismo justifica internamente la exposición a las condiciones precarias de trabajo porque su posición subalterna y subordinada requiere conformidad constante con el ideal hegemónico. Es un proceso opresivo de medición de uno mismo frente a un objetivo alcanzable, en el que el fracaso es el único resultado permitido por las estructuras de poder que mantienen la posición subalterna del inmigrante indocumentado hispano. De hecho, por culpa del ideal hipermasculino impuesto en la comunidad y por culpa de las expectativas heteronormativas en los Estados Unidos, se da un ciclo de represión interno por el cual las voces, las representaciones y las motivaciones masculinas reciben más peso que otras en el campo de la representación hispana, reforzando las normas hegemónicas y los estereotipos hipermasculinos. 

Importantemente, como parte del segundo grupo étnico más grande en los Estados Unidos, las identidades masculinas hispanas sirven como el objetivo de la retórica política estadounidense. La veterana periodista Laurie Kellman señala que, históricamente, “the nation has an unbroken list of male presidents, who have been presented as father figures, role models and archetypes of American masculinity”. Tales estándares culturales estrechos y rígidos forman una cuerda floja de la masculinidad sobre la que los hombres deben caminar, representando un estado que es tanto frágil como inestable, un estado en que la masculinidad debe ser validada constantemente para no caer de la cuerda. La estrategia política estadounidense, entonces, está optimizada para poder extraer el poder político a partir de estos inmensos depósitos de la masculinidad insegura, un recurso que es refinado aún más por culpa de la posición social precaria ocupada por los hispanos. Irónicamente, la población de los hispanos documentados tiene un rol interesante en la agenda estadounidense y en la subalternidad de sus contrapartes indocumentadas. Los hispanos, indocumentados o no, experimentan discriminación como grupo racializado. Sin embargo, para aquellos que tienen ciudadanía estadounidense, tiene que haber una distinción de sus contrapartes indocumentadas, las contrapartes que son los mismos sujetos del abuso de la retórica política y explotación laboral. Tienen que probar sus patriotismos en presencia de una amenaza que tiene el color de sus propias pieles y el dolor de sus propias historias.  

Por lo tanto, de aquí surge una estrategia polémica—dirigida hacia, pero no limitada exclusivamente a los hombres—que se aprovecha del miedo a la otredad y sirve como un mecanismo para mantener la exclusión de los inmigrantes indocumentados hispanos por parte de su mismo grupo étnico. Los temores a ser percibidos como fuera de las normas occidentales han causado una internalización de la opresión, por la cual los hispanos apoyan políticos abiertamente antihispanos. A través de técnicas políticas, los hispanos documentados se sienten empoderados para votar a políticos que representan la hipermasculinidad sin complejos, y lo hacen para validar construcciones sociales hegemónicas de la masculinidad. Por ejemplo, aunque cuatro de cada cinco hispanos dicen que las políticas de Donald Trump—una figura orgullosamente hipermasculina16—dañan a los hispanos, casi el 50% de estos votaron por él en 2024, un incremento histórico del 16% a nivel nacional (Atske; Loera). El núcleo de este aumento fueron los hombres hispanos, especialmente los jóvenes, formando un electorado que dominó la elección hasta por un 64% en estados como Texas y Florida (Gerbaud et al.)  

Formulada como un grito en contra de una presencia masculina borrada, la retórica política hegemónica estadounidense empodera a los hombres—y a los “machos” doblemente—para luchar en contra de un fenómeno que consideran afeminado. Es decir, una “invasión” de los inmigrantes indocumentados se conecta discursivamente con una penetración, una violación, una inundación de la nación—aquí feminizada—que debe ser prevenida por una fuerza masculina: el estado-nación. Así, los Estados Unidos reciclan una lógica adyacente a la islamofobia perpetuada por las civilizaciones cristianas occidentales durante la Reconquista17 y las Cruzadas. No es islamofobia en sí misma, sino una hermana indefinida. Partiendo de la teoría del homonacionalismo de Jasbir Puar en Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times, el estado-nación opera mediante lógicas masculinizadas de protección, dominación y “seguridación”18. Estos métodos marcados por el género moldean cómo una nación imagina las amenazas y legitima la violencia. En este caso, es una redistribución del discurso hipermasculino por la cual el cuerpo de un estado-nación y su virilidad ilimitada deben ser purificados mediante la expulsión de los extranjeros. Esta lógica, propuesta e impuesta por la misma comunidad que lo experimenta, resulta en una doble subalternidad—un fenómeno paradójico por el cual los hispanos reprimen a los hispanos en nombre de y en apoyo de la clase dominante. Aquí se encuentra la lucidez de una subalternidad única, cuyo estado posee un aspecto llamativo de interioridad: una jerarquía dentro de una jerarquía. Los reprimidos se convierten en represores y, así, la marginalización del inmigrante indocumentado se reproduce constantemente. 

IV. °ä´DzԳ¦±ô³ܲõ¾±ó²Ô 

En efecto, la clase dominante estadounidense crea una nueva forma de subalternidad, por la cual la internalización de las narrativas culturales dominantes permite la represión dentro de un grupo subalterno. Sí, la hegemonía negocia una manera de legitimar la subalternidad mediante el empoderamiento ficticio de otro grupo oprimido. A través de la simplificación de la identidad “hispana”, la manipulación de la imagen racializada del inmigrante indocumentado y el énfasis en las heteronormas hipermasculinas del “macho”, el aspecto humano de los inmigrantes indocumentados hispanos es retirado del espacio epistémico estadounidense. Debajo de estas condiciones dinámicas y diseñadas que los marcan como no humanos, su valor inherente se asfixia y, al final, solo se quedan las raíces del discurso hegemónico. Esto es la realización alarmante del proyecto hegemónico. 

[1] La necropolítica es un término acuñado por el filósofo camerunés Achille Mbembe que describe una situación sociopolítica en donde el uso de poder dominante determina intencionalmente quién vive y, más importante, quién muere (Mbembe, 11).

[2] La población migrante indocumentada hispana sirve como uno de los grupos subalternos principales en los Estados Unidos hoy en día en términos de sus números. Es importante tener en cuenta que, de los diez países de los que viene la mayoría de los inmigrantes indocumentados, ocho de ellos son países hispanos, formando más del 80% de todos los inmigrantes indocumentados en 2022 (Department of Homeland Security). Por eso, este ensayo explorará principalmente la subalternidad del inmigrante indocumentado hispano, cuya experiencia ejemplifica la posición subalterna y los peligros con los cuales viene. Sin embargo, también se debe reconocer la existencia e importancia de la población indocumentada asiática que ocupa otro espacio del discurso sobre inmigrantes y otra posición racializada. Específicamente, aunque China, India y las Filipinas ofrezcan un número significativo de migrantes, el estereotipo racializado del inmigrante asiático da lugar a lo que se ha denominado “invisibilidad asiática” y “el mito de la minoría modelo”. Este será analizado en conjunto con sus contrapartes hispanas más tarde en una sección de este mismo ensayo.

[3] El imaginario social (o imaginario) se refiere a ideas, valores, conceptos o constructos sociales que las personas imaginan de su totalidad social (Taylor, 171).

[4] Biopolítica es un término acuñado por el filósofo francés Michel Foucault que describe el manejo de poblaciones a través de la regulación de procesos de vida como la salud, la reproducción y la sexualidad por poderes políticos. Nótese su similitud con la Necropolítica (Foucault, capítulo 5).

[5] Popularizada por pensadorxs tal como: Simone de Beauvoir en “The Second Sex”, (1949); Emmanuel Lévinas en “Totality and Infinity: an Essay on Exteriority”, (1969); y Gayatri Chakravorty Spivak en “Can the Subaltern Speak”, (1988), Otredad es el proceso de tratar a una persona o un grupo social como distinto o diferente de una norma o identidad social ya establecido.

[6] Conferencia de París sobre pasaportes, formalidades aduaneras y billetes de paso. Liga de Naciones; octubre 15-21, 1920, París, Francia.

[7] James C. Scott, en Seeing Like a State, define la legibilidad como aquellos mecanismos que los estados usan para categorizar y estandarizar la complejidad de una sociedad de manera que sus recursos puedan ser controlados y regulados (11). Aquí, yo aplico el concepto de legibilidad al estatus legal y a la ciudadanía.

[8] La racialización está asociada con la obra de los sociólogos americanos Michael Omi y Howard Winant, quienes definen el término como “to signify the extension of racial meaning to a previously racially unclassified relationship, social practice, or group” (64).

[9] A partir de 2022, 1 de cada 7 inmigrantes indocumentados vino de Asia, formando una población significativa de casi 2 millones de inmigrantes indocumentados asiáticos, creciendo un 17,6% desde 2010 hasta 2022 (Asian American Research Center at UC Berkeley, 2025).

[10] En un estudio de 2025, un análisis del discurso en plataformas de redes sociales mostró que el sentimiento negativo estaba más correlacionado con conceptos como “Deportation” y “Border Wall”, ambos de los cuales se refieren a los inmigrantes hispanos (Nguyen et al.).

[11] La retórica política xenófoba dirigida hacia los inmigrantes hispanos ha aumentado desde 2015 hasta el presente (Pérez).

[12] No hay una definición universal del machismo, pero, en general, se refiere a: “1) Una actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres; 2) Forma de discriminación sexista caracterizada por la prevalencia del varón.” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua o DRAE).

[13] “Enmarcado por la Guerra Fría, el machismo funcionó como una forma de hablar sobre temores de susceptibilidad al comunismo en América Latina…se convirtió en una abreviatura para expresar ansiedades sobre la raza, el radicalismo y la seguridad en el frente interno.” La traducción es mía.

[14] La heteronormatividad es la suposición occidental de que la heterosexualidad es la forma natural y superior de la sexualidad, a menudo coexistiendo con el crecimiento de la idea de que un binario de género estricto debe ser la norma. Esta ideología afecta las expectativas socioculturales, políticas e institucionales, lo que margina y excluye a personas o ideas no binarias (Sáez, 228-238.)

[15] El orientalismo es un concepto acuñado por Edward Said en su obra “Orientalism” que se refiere a la manera en que las culturas occidentales representan el este (el Oriente) como exótico y bárbaro a través del arte, la literatura, los estereotipos exotizantes, etc.

[16] No estoy realizando una declaración política sesgada, sino que se trata de un hecho ampliamente observable. De hecho, Donald Trump construyó su campaña con esta intención en mente, presumiendo regularmente de su fuerza y desafiando abiertamente a sus rivales—dos comportamientos establecidos de la hipermasculinidad. Incluso sus partidarios creen que ellos mismos (53% de hombres republicanos en 2024) disponen de rasgos muy masculinos, un contraste significativo en comparación con los que no votaron por él (24%) (Horowitz y Parker).

[17] La Reconquista es un mito nacionalista que los historiadores han desprestigiado. Los partidos de ultraderecha en España quieren revivir esta idea de la Reconquista precisamente porque apuntala una noción blanca, cristiana de la hipervirilidad y la superioridad de la religión católica sobre el islam (Ríos Saloma, 196-197).

[18] La “seguridación” (“securitization” en inglés) es el proceso biopolítico en el que cuestiones de seguridad nacional son formuladas como amenazas existenciales, justificando el uso de fuerza extrema y la exclusión de los cuerpos racializados (Puar; Howell y Richter-Monpetit, 7-9).


Referencias 

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Falsas promesas:ÌýCiudad, cuerpo y liberación en El lunes nos querránÌý /elcid/2026/08/falsas-promesas-ciudad-cuerpo-y-liberacion-en-el-lunes-nos-querran/ Mon, 17 Aug 2026 17:11:06 +0000 /elcid/?p=399 Claire KennedyÌýThe University of AlabamaÌý AbstractÌý Elizabeth Grosz sostiene que “the city is one of the crucial factors in the social production of (sexed) corporeality: the built environment provides the context and coordinates for contemporary forms of body” (104). En un mundo globalizado, las culturas se entremezclan, creando nuevos modos de interacción social. Las ciudades […]

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Claire KennedyÌý
The University of AlabamaÌý

AbstractÌý

Elizabeth Grosz sostiene que “the city is one of the crucial factors in the social production of (sexed) corporeality: the built environment provides the context and coordinates for contemporary forms of body” (104). En un mundo globalizado, las culturas se entremezclan, creando nuevos modos de interacción social. Las ciudades son lugares de esta producción y, por lo tanto, constituyen espacios clave en la definición identitaria. Para los inmigrantes de Marruecos en España, esta mezcla no es tan sencilla, ya que viven en una constante tensión entre la libertad femenina y la opresión familiar, el movimiento y la inmovilidad, y la alimentación occidental y oriental.  

Este artículo se centra en estos enfrentamientos en El lunes nos querrán, de la autora catalana-marroquí Najat El Hachmi, que narra la vida de una mujer joven que emigra a España con su familia durante la infancia. La protagonista pretende rechazar sus vínculos con su asfixiante cultura familiar a favor de la cultura de acogida en su búsqueda de aceptación y pertenencia cultural. A partir de un enfoque que integra los estudios urbanos y los estudios de género, se analiza la interacción entre el entorno urbano y el feminismo occidental en esta trayectoria.  

Se propone que, en El lunes nos querrán, El Hachmi utiliza el desplazamiento en el espacio urbano de la narradora, junto con su lucha por transformar su cuerpo, para señalar que el único camino hacia una verdadera liberación de la opresión cultural es la transformación mental. Al externalizar su opresión en su espacio vivido—tanto material como corporal—la libertad se vuelve inalcanzable. Este estudio aporta una perspectiva sobre las narrativas de migración que combina el análisis geográfico con el análisis del cuerpo en un contexto feminista, con el fin de contribuir al entendimiento de las complejidades migratorias del siglo XXI. 

  1. ±õ²Գٰù´ǻå³ܳ¦³¦¾±ó²ÔÌý

Hoy más que nunca, se manifiesta el entrelazamiento humano y cultural tanto dentro de las delimitaciones políticas actuales como a través de estas fronteras imaginarias. Como señaló Stuart Hall hace casi treinta años, el mundo está interconectado y globalizado— y aún más hoy que entonces (19). Esa globalización obliga a reformular la cultura no solo frente a las opiniones y valores de una comunidad imaginada, como trata Benedict Anderson, sino también frente a los de las culturas a escala global (Hall 22).  

Las ciudades encarnan la globalización. Como sostiene Elizabeth Wilson, las ciudades pueden entenderse como textos escritos por sus propios ciudadanos que se interpretan individualmente (10). Son tejidos entrelazados con las experiencias de cada residente; constituyen una construcción aparentemente homogénea de una identidad espacial profundamente heterogénea. Las ciudades son espacios de estratificación, pero también de interacción entre distintos niveles y clases sociales, lo que permite la construcción de experiencias individuales dentro del entorno urbano amplio (Purcell 145). El espacio y el tiempo posibilitan esta diferenciación individual (Harvey 419). Así las ciudades ofrecen un marco espacial y temporal en el que se articulan tanto la diferenciación entre ciudadanos como la interacción con las ideologías que confluyen en la cultura global.   

El fenómeno inmigratorio fomenta estos procesos de confrontación cultural. En Mappings: Feminism and the Cultural Geographies of Encounter, Susan Friedman expone: 

As a discourse of identity, hybridity often depends materially, as well as figuratively, on movement through space, from one part of the globe to another. This migration through space materializes a movement through different cultures that effectively constitutes identity as the product of cultural grafting. Alternatively, hybridity sometimes configures identity as the superposition of different cultures in a single space often imagined as a borderland, as a site of blending and clashing. (24) 

Al llegar a un entorno nuevo y culturalmente distinto, los inmigrantes tienen que redefinirse frente a nuevos valores. Bajo la influencia de la globalización, no solo se enfrentan a la cultura de acogida, sino a los valores culturales globales que operan en su entorno social. Estas corrientes identitarias se entremezclan con la “cultura materna”, generando efectos diversos. Uno de ellos es una crisis de pertenencia, al no encajar plenamente en ninguna cultura local, nacional o global (Hall 22). El género desempeña un papel fundamental en estos procesos identitarios, por lo que las mujeres, especialmente las mujeres inmigrantes, se ven especialmente afectadas por normas de comportamiento y belleza que, frecuentemente, contradicen aquellas con que crecieron.  

El lunes nos querrán (2021) profundiza en los matices de la experiencia migratoria en un contexto globalizado. Narra la historia de una mujer nacida en Marruecos que emigró durante su infancia a un pueblo cerca de Barcelona. La obra aborda temas de la opresión familiar y social, la construcción identitaria ante el choque cultural, las relaciones afectivas, el feminismo y la búsqueda de la independencia. Asimismo, refleja aspectos de la vida de la autora, Najat El Hachmi, que emigró a Cataluña a los ocho años. Su obra critica la cultura patriarcal en la que creció y los procesos de “otro-ización” impuestos a los inmigrantes, como puede observarse tanto en este libro como en sus otras novelas La hija extranjera y El último patriarca, originalmente escritas en catalán (Vater).  

La trayectoria de la literatura de El Hachmi ha sido ampliamente documentada. Entre los trabajos más relevantes se encuentran el artículo de Núria Codina, que la sitúa dentro de la literatura española-marroquí; el artículo de Michelle Murray centrado en la migración y ruptura genealógica y el de África Vidal Claramonte, que analiza la importancia cultural de la comida en su obra. Sin embargo, son menos los estudios que se enfocan específicamente en El lunes nos querrán. Katarzyna Moszczyńska-Dürst examina la construcción del “yo” con relación al género y la exclusión en la novela. Por su parte, Jennifer Brady y Maureen Tobin Stanley, en “Espacios y espejos: La autodefinición femenina en El lunes nos querrán de Najat El Hachmi”, analizan la influencia del espacio urbano y el cuerpo en la autodefinición de la narradora.  

El presente trabajo también aborda el espacio urbano y el cuerpo, pero se centra en su relación con la globalización y en cómo estos andamiajes contribuyen a una búsqueda de liberación que se vuelve inalcanzable. En El lunes nos querrán, El Hachmi emplea la movilidad en el espacio urbano, junto con la lucha por modificar su forma corporal, para señalar que el único camino hacia una verdadera liberación radica en la transformación mental de la narradora. Tanto su cuerpo como el espacio que habita funcionan como representaciones físicas de la opresión que experimenta bajo el control de su padre y de una sociedad patriarcal, una influencia que persiste y padece a lo largo de su vida. No obstante, mientras la opresión se externaliza, la libertad permanece fuera de su alcance. No es posible liberarse de las cadenas de una sociedad opresiva mediante cambios únicamente externos. Solo alcanzará la libertad al reformarse la mentalidad interna y soltar sus creencias negativas. 

  1. Opresión, liberación y el espacio urbanoÌý

Según Wilson, “the city is the zone of individual freedom. There, the ties of family and kinship may be loosened, and avenues of escape may open up” (16). Para la narradora, quien se percibe atrapada en su barrio y, en ciertos momentos, “tenía ganas de gritar, de sacarme de una vez el peso insoportable en el pecho, irme lejos” (El Hachmi 99), Barcelona se presenta como un rayo de esperanza frente a una vida marcada por la opresión familiar.  

Las metrópolis son espacios tanto de libertad como sometimiento, lugares que posibilitan la expresión y la disimulación a la vez. Lefebvre sostiene que la naturaleza capitalista y explotadora de “la ciudad” puede reprimir “lo urbano”; es decir, las posibilidades humanas que surgen de las interacciones interpersonales y socioespaciales (67-68). Sin embargo, esta naturaleza no anula las conexiones que las áreas urbanas facilitan ni reduce su papel en la apropiación del espacio y la diferenciación identitaria (Purcell 149-150). Algunos autores conceptualizan la ciudad como un espacio que unifica dimensiones geográficas, económicas y políticas bajo un marco social (Bobic 16). No obstante, dentro del ámbito urbano, ciertas localidades pueden diferenciarse de la cultura metropolitana dominante, desarrollando discursos propios que se arraigan en su localización (Hall 36).  

Aunque esta visión social de la ciudad es fundamental, es cierto que los entornos urbanos 

proporcionan el espacio y el tiempo necesario para la diferenciación individual y colectiva (Harvey 419). Los aspectos positivos de la vida urbana no existirían sin las divisiones espaciales que posibilitan la movilidad entre “subculturas” urbanas formadas por esa separación.  

La narradora de El lunes nos querrán enfatiza la separación física de su hogar desde su primera descripción: “…tres torres alrededor de una plaza de cemento limitadas por el triángulo que formaban un río, la vía del tren y una carretera comarcal” (El Hachmi 34). Esta frontera imaginaria funciona como un límite encerrando una cultura de opresión que se manifiesta en su vida personal. Dentro de este espacio permanecen las madres, quienes “…no salían de casa más que por motivos concretos y tapándose antes de pisar el mundo exterior” (34). Así es la vida de la propia narradora durante el verano, cuando su padre no le permite salir y “…sentía una gran decepción cuando veía que mis hermanos se iban y yo me quedaba atrapada en ese piso” (58). Los efectos del encierro forzado se reflejan en un espacio que se vuelve vigilante. Allá, “las ventanas iluminadas de centenares de pisos minúsculos parecían ojos que nos observaran” (22) y “…las paredes parecían tener oídos” (30). Aunque Nikolina Bobic y Farzaneh Haghighi describen que la arquitectura puede ejercer vigilancia y control de manera literal (3), la experiencia de la narradora demuestra que la percepción subjetiva puede producir efectos igualmente intensos.   

Para la voz narrativa, salir del barrio “era como cambiar de mundo” (El Hachmi 53). Este paso hacia un espacio de contacto intercultural le permite definirse en relación con—y a partir de—las diferencias culturales (Friedman 104). Su sitio principal de confrontación cultural es la escuela. Allí, “…ya podía estar contenta porque estudiaba lejos del barrio” (El Hachmi 50) en un instituto donde “…hablaba y hablaba sin parar”, un comportamiento completamente distinto al de su barrio (31). En ese entorno, donde ningún alumno pertenece a las tres torres, se encuentra libre de la vigilancia de este espacio. Esta distancia le proporciona una libertad mental que facilita la adopción de valores y creencias distintos a los de su cultura de origen, algunos de los cuales, como la idealización del dominio absoluto del cuerpo, la persiguen. 

Dentro de las tres torres, en cambio, el peso de las expectativas culturales se vuelve opresivo. Como señala Grosz, el espacio se experimenta desde la perspectiva del sujeto que lo habita (90). Para una narradora que ha conocido espacios en que se expresa con mayor libertad, albergarse en un entorno en el que teme ser juzgada con cada acción que realiza resulta insoportable. Este malestar se manifiesta en la externalización de la vigilancia en la propia arquitectura de su hogar, un lugar percibido como aislado del mundo exterior.  

No solo la distancia física le permite diferenciarse, sino también la distancia imaginada. Soñar con trasladarse a la ciudad, un lugar donde estaría “lejos de los chismes y el control de la gente” (El Hachmi 223), le permite idealizar ese espacio y rechazar su entorno periférico, especialmente cuando su padre le prohíbe mudarse. Sin embargo, esta distancia imaginada no logra ser suficiente para materializar su libertad. Se ve impulsada a buscar un escape concreto que transforme sus pensamientos en acciones.  

Encuentra este escape en el matrimonio: al mudarse con su esposo, Yamal, al centro de su ciudad periférica. No obstante, esta nueva etapa no representa la liberación total que esperaba. Al principio de su matrimonio, viven en condiciones precarias: en un piso sin paredes enyesadas, con humedades, y “un frío que calaba hasta los huesos” (126). Posteriormente, se trasladan a un “piso sombrío” que refleja la soledad maternal que se manifiesta en ella durante su embarazo (208). Incluso al mudarse a Barcelona con su amiga, descubre que la ciudad no ofrece las oportunidades ilimitadas del escape que esperaba. En su búsqueda de un piso, se dan cuenta de que allá, “acogedor significaba que no cabía ni un alfiler; silencioso, que no entraba ni un rayo de luz; con muchas posibilidades, que estaba todo por reformar. Hubo agencias que pretendían cobrar por enseñarnos un piso. Otras que nos decían que en nuestro caso los dueños no querían alquilárnoslo”, supuestamente por motivos racistas (237-238). Aunque abandona físicamente las tres torres, no escapa de su opresión espacial. Esta se origina en las tres torres, pero se ha arraigado en su mente y la persigue a cualquier lugar.  

Este arraigo se hace evidente en su comportamiento cuando regresa al barrio. Al volver, se arregla con la ropa típica y el pañuelo esperado por la sociedad, ya que todavía se somete a las reglas impuestas por la cultura espacializada de las tres torres. Sigue escuchando “…las críticas que seguían llegando del barrio” y permite que controlen su comportamiento (228). Sin embargo, su repulsión al paradigma del entorno también se intensifica hasta el punto de que “cada vez que volvía a las tres torres me ponía enferma, me dolía todo el cuerpo, como si alguien me hubiera pegado una paliza” (243). Su transformación identitaria no se completa porque mantiene ese lazo cultural y conserva ese temor de romper las normas sociales—y de romper completamente su conexión con su niñez y sus orígenes. 

Los momentos de liberación verdadera no surgen de la movilidad física, sino de la transformación mental: un cambio hacia un nuevo patrón de experimentación e interacción cultural. Cuando se casa con Yamal, piensa, incrédulamente, que “estaba en la misma ciudad periférica… pero nada era igual. ¿No veían mi cuerpo liberado de todas las ataduras? ¿No detectaban en mi rostro la alegría de quien ha escapado a la vigilancia permanente, a la amenaza constante del castigo?” (125). Por fin, siente la libertad que desea, pero sin moverse—brota de la percepción nueva que su matrimonio le brinda.  

Durante las dificultades de su matrimonio, mantiene una conexión tóxica con su cultura familiar, escuchando los juicios de la gente que no entiende su vida híbrida. Para distanciarse de estas presiones, ella se refugia con su amiga “…para soportar las críticas que seguían llegando del barrio” (228). Después de mudarse con su amiga, empezó a distanciarse de estas conexiones negativas de una vez por todas y experimentar la liberación verdadera. Describe el piso donde vive con su hijo y su amiga, diciendo que “Para comer doblábamos unas mantas y las poníamos en el suelo. Como en el pueblo, me decías, y nos reíamos porque ya nada podía herirnos” (247). No se siente libre solamente porque está lejos de las tres torres: esta libertad surge al desarraigar su valor interno de la aprobación de su comunidad familiar. Por simple elección—un cambio mental—se emancipa del sometimiento a las expectativas asfixiantes de las tres torres. Ahora, entiende que no hacía falta mudarse, solo cambiar sus pensamientos. Al dejar de conceptualizar la libertad en términos espaciales, encuentra la posibilidad de felicidad y paz en cualquier lugar. 

  1. El espacio del cuerpo y la liberaciónÌý

La reformulación del cuerpo ofrece otra vía hacia la liberación para la narradora en El lunes nos querrán. Existen múltiples paralelismos entre los conceptos de ciudad y cuerpo. En “Narrating the Organic City: A Lefebvrian Approach to City Planning, the Novel, and Urban Theory in Spain”, Benjamin Fraser sostiene que los primeros planificadores recurrieron a la idea de la ciudad como un cuerpo para poder dominarla desde el punto de vista de un problema geométrico y de control (370). El dominio sobre el espacio que exigieron estos planificadores se asemeja al dominio que muchas personas ejercen sobre sus propios cuerpos.  

Aunque se impone el orden sobre el “corpus” del espacio urbano, la definición social del cuerpo se produce en ese mismo espacio. Grosz explica: “…The built environment provides the context and coordinates for contemporary forms of body. The city provides the order and organization that automatically links otherwise unrelated bodies: it is the condition and milieu in which corporeality is socially, sexually, and discursively produced” (104). Añade que el espacio urbano influye en la manera en que las personas se perciben a sí mismas y a sus relaciones afectivas, así como en su relación con el espacio y su esfuerzo corporal (108).  

Este plano físico afecta directamente al plano cultural y a las representaciones populares del cuerpo, que adquieren un fuerte peso simbólico en el plano mental. Grosz señala que “the body’s cultural saturation, its takeover and transformation by images, representational systems, the mass media, and the arts—[the city is] the place where the body is representationally reexplored, transformed, contested, reinscribed” (108). El espacio urbano permite, por tanto, esta constante reformulación del cuerpo según contextos culturales específicos.  

Cuando la narradora asiste al instituto y entra a un nuevo espacio cultural, este cambio de entorno le permite enterarse de que “…se podía comer con un objetivo completamente distinto: modificar tu cuerpo, transformarlo… descubrí una poderosa sensación de control sobre mi propio cuerpo” (El Hachmi 42). 

Esta mentalidad alimentaria contrasta profundamente con la perspectiva de la generación anterior: “Para nuestras madres, que habían pasado hambre por no tener qué comer y no por ningún ideal estético, la idea de pasar hambre adrede era una locura” (42). El espacio, por tanto, fomenta esta diferenciación cultural. Hall explica que lo local y lo global interactúan en estratos sociales distintos, dando forma a percepciones culturales complejas (33). En El lunes nos querrán, las tres torres aíslan la cultura amazigh, una cultura local, dentro del entorno urbano globalizado de Barcelona. Como ya señaló Friedman, el movimiento en el espacio permite la mezcla de elementos culturales, dando lugar a identidades híbridas (24). Al salir de su entorno local, la narradora se encuentra con la oportunidad de interactuar y mezclar su identidad con elementos de las culturas globales. Reinterpreta su feminidad, identidad y relación con la comida.  

La globalización afecta de manera diferenciada a las mujeres. Friedman advierte contra la “narrativa reduccionista” de la globalización, según la cual “…women suffer the same gender oppression in all societies, an approach to internationalizing feminism that bases affiliation solely on gender victimization, thus muting women’s agency, ignoring cultural contextualizations, and suppressing understanding of gender’s interaction with other constituents of identity” (5). El género varía según el contexto social, al igual que las normas corporales asociadas a él. Cuando estas distintas concepciones de género y cuerpo se enfrentan, los conflictos pueden generar trastornos. En “Eating Across Borders”, Temptia Valenta señala que “…migrants who maintain strong attachment to their cultural traditions may face a higher risk of EDs due to the culture-clash hypothesis, which posits that exposure to Western cultural influences emphasizing thinness and body ideals can cause psychological distress and conflict (Lake et al., [57]; Mumford et al., [73])” (361). La narradora se enfrenta a estas tensiones desde el momento en que escucha las monitorias de la escuela secundaria e interioriza que el acto de comer puede utilizarse para controlar el cuerpo (El Hachmi 41-42).  

Su fijación en el cuerpo va más allá de una simple preocupación por su apariencia física. Cuando un tipo de cuerpo se asocia con una identidad nacional, la manipulación corporal se convierte en un mecanismo de la integración societal (Chernin 6). De hecho, la narradora asocia la habilidad de hacer dieta y controlar el cuerpo con “… otras chicas, más glamurosas, más ricas, menos moras que nosotras, más blancas”, indicando que sin poder hacer dieta y cambiarse, nunca se sentirá capaz de alcanzar una belleza socialmente legitimada: la belleza de la sociedad española (El Hachmi 38). Esta idea se refuerza cuando se pregunta: “¿Cómo hacer compatibles nuestros anhelos de parecernos a las chicas que salían en las series de sobremesa con las normas que nos imponían en casa?” (46). En la cultura que la acoge, no se ve representada en el modelo de la “chica ideal”. Su deseo fuerte es de ser amada y aceptada y, por lo tanto, “no hacía falta mucho más para acabar interiorizando que nuestras carnes suponían un problema, que la única salida era reducirlas a la mínima expresión con tal de que nos dejaran en paz” (46). Si puede llegar al punto de que su cuerpo parezca a la norma cultural, superaría las otras diferencias externas (como el color de su piel) para integrarse (Vater 115). 

Con la idealización de un tipo de cuerpo, el cuerpo típico de su sociedad se convierte en una representación de todos sus aspectos malos para la narradora. Aceptar ese cuerpo significa convertirse en su madre, una mujer representativa de su cultura—analfabeta, encerrada, sometida por su marido—una propuesta aterradora para ella (Vater 117). Refleja este miedo con el lenguaje negativo que dirige a su madre: “…la miraba con repugnancia, porque ella estaba enorme, con esos pechos descomunales y deformados tras tantos embarazos y lactancias” (El Hachmi 43). A la vez, empieza a pensar que “…mi cuerpo no era otra cosa que un enemigo que abatir”, atando sus asociaciones negativas de su cultura y deseos combativos con su propio cuerpo (30). Idealiza a la madre de su amiga, quien “…estaba mucho más delgada que el resto de las mujeres casadas” y parece más joven, viva y libre (43). Para ella, poder controlar su cuerpo sería una “…independencia que nosotras solo podíamos soñar”, como la de las chicas blancas que hacen dieta (38).  

Así, la responsabilidad de la liberación se impone al cuerpo. Cuando decide considerar el matrimonio como una posible vía de escape, piensa que “tenía que mejorar para estar preparada. Y mejorar quería decir, por supuesto, ser menos. Más ligera, más delgada, más adecentada, limpia y ordenada” (57). Incluso desea vestirse y maquillarse en concordancia con “la moda” porque “al menos de esa forma dejaría de ser propiedad de mi padre, mi madre y mi religión” (54). Estos cambios también le permiten separarse de la culpa que siente después de afrontar a su madre y su cultura: “Cuantas más mentiras le contaba, menos kilos me permitía pesar… como un castigo o un modo de purgar todas mis transgresiones” (125). Al mismo tiempo, proyecta sus ideales en su madre. Cuando el médico le dice que necesita adelgazar, la narradora piensa que “si pudiera adelgazar, me dije, se volvería más ágil, más esbelta, más moderna y le sería más fácil salir de donde estaba metida” (99). Alivia su propia culpa al trasladar la posibilidad de transformación a su madre. De este modo, simbólicamente imagina una ruptura con la estructura patriarcal que las domina. 

En algunos momentos, piensa que su control la libera, pero la realidad demuestra lo contrario. Después de su matrimonio, se siente libre y por eso, la dieta “…ya no hacía falta. [Ella y su amiga] podíamos comer lo que nos diera la gana” (175). Sin embargo, los conflictos matrimoniales, laborales y familiares persisten. En esa época, la comida juega el papel de un arma y el cuerpo se convierte en un enemigo. Luchar en esta batalla funciona como un escape de sus preocupaciones. Cuando empiezan sus problemas matrimoniales, “volvía a estar a dieta porque había engordado mucho”, aunque reconoce que le resulta insostenible restringirse así (219). Continúa con sus intentos, pero empieza a darse cuenta de que esta restricción corporal no es alcanzable ni la vía liberatoria.  

Después de que su marido la deja, “vacié la nevera, los armarios de la cocina, bajé a por más comida al súper. Comí sin parar durante horas. Era mi castigo. Por haber confiado, por ingenua, por dejar que me engañaran” (235). En este momento, el tratamiento de su cuerpo le permite escapar de su realidad. Como indica Vater, la falta de restricción respalda su reclamación del matrimonio que la robó de la libertad que esperaba (168).  

Sin embargo, el escape no equivale a la liberación. Ya antes del matrimonio, cuando se sentía asfixiada por la autoridad paterna, imagina la desaparición del cuerpo como una forma de liberación: “Mi estómago acabó por cerrarse completamente, desvaneciéndome poco a poco a dos palmos del techo y sintiendo cierto alivio en dejarme ir, en dejar de ser…al fin conseguiría que el amasijo de carne y huesos y piel que era mi cuerpo dejara de perseguirme para siempre” (El Hachmi 160). Percibe la muerte—causada por el adelgazamiento de su cuerpo—como la liberación, pero es una liberación falsa: es una derrota absoluta de su conflicto cultural interno.  

Cuando su cuerpo no le permite soltar las ataduras de las tres torres, descubre su liberación en la expresión mental: la escritura. Durante su tiempo en el instituto, se da cuenta de que la escritura es una de las únicas vías de alejamiento de las tres torres (88). Aunque no desea separarse completamente, reconoce que, para chicas como ella, “…no nos quedó otra, allí no nos dejaban ser lo que éramos. La única forma de quedarnos era recortándonos un poquito por aquí” (88). Encerrada en casa durante un verano opresivamente caluroso, “…llegué a la conclusión de que esa era una buena forma de subvertir sus normas… Escribir para salir del barrio me pareció un buen plan durante el bochorno de ese verano” (67). Escribe para sobrellevar los momentos difíciles en casa y en el hospital psiquiátrico tras casi morir. Con sus éxitos literarios, tiene sentidos de extrañeza y enfrentamiento cultural. Piensa que “lo único que les interesaba a los lectores era que fuera mora, exótica y lejana” y que “si volvía a escribir, se sabría que era un fraude” (221).  

Sin embargo, cuando escribe en ámbitos personales, es una salida de ella misma y sus preocupaciones culturales. Puede dejar en sus propias palabras “…de darme atracones, de vomitar o de realizar las extenuantes sesiones de ejercicio que hacía en medio del salón con el niño mirándome” (239). Más que cambios corporales, la escritura le ofrece un modo de expresar sus frustraciones, soltar su aislamiento y rabia en una página y vaciar el espacio mental que ocupan. 

Al final, la autoaceptación es lo que por fin la libera. De vacaciones en la playa con su novio Javier, reflexiona: 

Me pasé casi todo el mes tendida sobre una gran roca, completamente desnuda. Sin estorbos, sin telas, sin encogerme ni esconderme. Incluso si aparecía alguien, no me importaba, que me vieran, que me miraran, no me importaba ya. Esa era yo, así era y merecía salir a la luz del día con ese cuerpo tanto como cualquier otra persona en el mundo. No había nada ofensivo en mí. Nada peligroso. (268) 

Por fin, se da cuenta de que su cuerpo no es una herramienta, ni una vía para la aceptación. Merece ser aceptada simplemente por existir. Sin ningún cambio social, ni un cambio corporal, se permite la integración. Deja de esperar que la gente la acepte. De su propia voluntad, decide aceptarse, amarse, e integrarse.  

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Grosz aporta que “The city is one of the crucial factors in the social production of (sexed) corporeality” (104). En un mundo globalizado, las culturas se entremezclan y crean nuevos modos de interacción social. Las ciudades son sitios de esta producción, y, por lo tanto, son espacios de definición identitaria. Para los inmigrantes que habitan entre Marruecos y España, los choques entre la libertad femenina y la opresión familiar, el movimiento y la inmovilidad, y la alimentación occidental y oriental no facilitan la integración.  

El lunes nos querrán, de Najat El Hachmi, destaca estos enfrentamientos. La narradora, una mujer adolescente que emigró a España en su infancia, pretende rechazar sus vínculos con una asfixiante cultura familiar a favor de la sociedad de acogida al buscar aceptación y pertenencia.  

En esta trayectoria, el entorno urbano y el feminismo occidental se entrelazan. En El lunes nos querrán, El Hachmi argumenta que la verdadera liberación radica en la transformación mental, empleando el desplazamiento en el espacio urbano de la narradora y su continua lucha por el cambio corporal como falsas promesas de libertad. Al externalizar su opresión en su espacio vivido—tanto material como corporal—la libertad se vuelve inalcanzable.  

Friedman expone que “Identity is constructed relationally through difference from the other”, pero al situarse en una cultura ajena, los inmigrantes deben enfrentarse al problema de la autodefinición al llevar consigo huellas identitarias de culturas globales (19). Las mujeres migrantes, a través de la experiencia urbana y el intercambio de ideas globales relacionadas con el feminismo y la imagen, se ven profundamente afectadas por estas corrientes. Entender estas complejidades contribuye a una mejor interpretación de la experiencia migratoria en un mundo cada vez más complejo e interrelacionado. 

Obras citadasÌý

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Verso, 1986. 

Bobic, Nikolina, and Farzaneh Haghighi. “Spatialization of oppression.” The Routledge Handbook of Architecture, Urban Space and Politics, Vol. I. Routledge, 2022, pp. 3-26. Pearl, https://doi.org/10.4324/9781003112464-2. 

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